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Florecer en Cenizas romance Capítulo 316

Casa.

Fabiola regresó a casa, con la mente en otro sitio y el estómago tan lleno que parecía que iba a explotar.

La cena de esta noche había sido desconcertante. Roberto no dejaba de sonreír, con esa actitud paternal y animada, llenándole el plato una y otra vez. Decía que estaba demasiado delgada, que debía comer más, que eso le haría bien tanto a ella como al bebé...

Fabiola no lograba entenderlo. Roberto, en teoría, debería detestarla. ¿Era todo una actuación? Pero, pensándolo bien, alguien como Roberto, con su estatus y poder, no necesitaba fingir delante de ella.

Sin encontrar respuesta, Fabiola prefirió dejar de darle vueltas. Sacó su celular y le escribió a Agustín.

Apenas lo desbloqueó, le llegó una notificación de noticias.

[Agustín, fuera del Grupo Lucero; el joven de diecinueve años, Gastón Lucero, podría ser el gran ganador.]

Incluso algunos medios publicaban: [El heredero oculto de César Lucero, tras diecinueve años, finalmente sale a la luz.]

También vio fotos de Sergio Lucero y Elvira, tomadas por algún reportero.

Sintió que los dedos le temblaban y apretó el celular con fuerza.

Agustín debía estar destrozado.

Sobre todo ahora, cuando Sergio volvía a la familia Lucero con total descaro… y además traía a su nueva esposa.

Aunque los rumores decían que Agustín y su madre biológica no se llevaban bien, Fabiola podía sentir que, en el fondo, Agustín siempre había anhelado el cariño de una madre.

Bajó la mirada y se quedó viendo el brazalete de jade en su muñeca. Recordó la primera vez que Agustín se lo puso, diciéndole que era de su mamá...

Sergio le había tomado una foto para enviársela a su madre.

Agustín se esforzaba por no llamar a esa mujer “mamá”, pero en el fondo, a veces se le escapaba. Eso demostraba que, pese a todo, no solo sentía odio por ella.

Quizá ese dolor, esa rabia, existían porque en lo más profundo aún quedaba mucho amor...

La Ciudad de la Luna Creciente, familia Barrera.

Paulina Barrera se acomodó en el sofá, con una sonrisa torcida.

—La rueda de prensa del Grupo Lucero estuvo buenísima. Agustín quedó fuera, así nomás.

Héctor Barrera también sonrió. Quitar a Agustín, ese gran peligro, era motivo suficiente para celebrar.

—Acuérdate, ahora que la familia Lucero cambió de manos, al que hay que quedar bien es a Gastón.

—Aunque... Gastón sigue siendo muy joven y terco. Ni Karla Barrera ha logrado acercarse a él... ¿Crees que nos sirva de algo? —Paulina tenía dudas—. ¿Y si Agustín y Gastón terminan haciendo equipo...?

—No te preocupes, eso jamás va a pasar. No son hermanos de la misma mamá, son rivales de nacimiento, siempre competirán por los mismos recursos. Solo pueden ser enemigos, jamás aliados. Además, Sergio sigue ahí. El problema entre Agustín y Sergio nunca se va a resolver —Héctor esbozó una sonrisa confiada—. Para colmo, Sergio es tan fácil de manipular...

Héctor sabía que el mayor riesgo para la familia Lucero era Sergio. Ya en el pasado, cuando lo usaron, casi lograron destruir el Grupo Lucero. Pero en ese entonces César aún tenía energía y no dudó en echar a Sergio. Ahora, con César ya mayor y necio, volvió a traer el peligro a casa.

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