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Florecer en Cenizas romance Capítulo 328

Sebastián arrugó la frente mirando a Agustín.

—No pensé que fueras tan ingenuo, la verdad.

Desde pequeños, Sebastián y Agustín habían crecido en mundos distintos. Sus caminos y personalidades jamás podían haber sido iguales. En la cabeza de Sebastián, lo que hacía Agustín en ese momento no era más que una broma de mal gusto.

Agustín no se molestó en responderle. En todo caso, hasta se sorprendió de que Sebastián no se uniera a los que querían verlo caer ese día.

—Agustín, oye, me contaron que andas empezando tu propio negocio. Si necesitas ayuda, dilo, aquí todos podemos echarte una mano—, se acercó un grupito de esos que nunca faltan, los típicos hipócritas.

Esos mismos que antes le decían “señor Agustín” con respeto, ahora ni el título le daban. Seguro que en unos días hasta le hablarían de tú, como si fueran compas de toda la vida.

A Fabiola casi le salía la risa. ¡Qué gente tan interesada! Si llegaran a saber que Agustín es el verdadero jefe detrás de Firmeza Global, seguro se quedarían tan impactados que ni ganas de comer les daría por varios días.

Al darse cuenta de que Fabiola estaba a punto de explotar, Agustín le jaló la manga con disimulo, advirtiéndole que no exagere.

Fabiola agachó la cabeza y se aferró al brazo de Agustín. Aunque lo que quería era reírse, desde afuera parecía que estaba triste.

Sebastián, creyendo que Fabiola de veras estaba deprimida, lanzó una mirada dura al grupito.

—Si Agustín de verdad quisiera emprender, ¿creen que necesita ayuda de ustedes?

Los otros se incomodaron, murmuraron algo y se alejaron rápido para no buscarle problemas a Sebastián.

—¿Te caíste de la cama hoy o qué?—, soltó Agustín, mirando a Sebastián.

—No quiero verla sufrir, es todo—, contestó Sebastián, molesto.

—Ajá... Es mi esposa, así que mejor ni te esfuerces—, le tiró Agustín y se llevó a Fabiola.

Sebastián apretó los dientes de impotencia. Quería compensar a Fabiola, pero parecía que ella no pensaba darle esa oportunidad.

En ese momento un empleado se acercó corriendo.

—Señor Sebastián, le acaban de llamar, que vuelva de inmediato. Parece que la señorita Renata Benítez tuvo un problema en la cárcel.

La expresión de Sebastián cambió al instante. Salió casi corriendo, sin mirar atrás.

Suspirando, Fabiola se aferró de nuevo al brazo de Agustín.

—Amor, platiquen ustedes. Yo me voy a sentar un rato allá.

Agustín le sonrió a Celeste con cortesía.

—Perdón, pero mi esposa es muy celosa. Mejor dejamos la charla para otro día.

Sabía perfectamente a qué iba Celeste. Hija de un empresario del entretenimiento, sin nada que ver con sus negocios. No le interesaba perder el tiempo.

El gesto de Celeste cambió enseguida, claramente molesta por haber sido rechazada en público.

—Agustín, ya no eres el presidente de Grupo Lucero. Emprender no es tan fácil. ¿Crees que tu esposa puede ayudarte con contactos o recursos? Nosotros, aunque somos una empresa de entretenimiento, tenemos conexiones con empresarios y recursos que no le piden nada a los de otros sectores.

Y en parte tenía razón. Las empresas de entretenimiento siempre tienen modelos, artistas, y toda clase de “talentos” que se relacionan con los grandes empresarios. Sus contactos son extensos, pero su reputación no siempre es la mejor.

Agustín la ignoró por completo y regresó con Fabiola.

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