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Florecer en Cenizas romance Capítulo 354

Griselda puso los ojos en blanco.

—Si estás enferma, ve a tratarte. Mejor espera a que la familia Barrera te reconozca, ¿no crees?

Karla miró a Fabián con el ceño bien fruncido.

—¿Oíste? Cancela toda la cooperación entre la familia Barrera y su familia, ¡de inmediato!

Fabián respondió con calma.

—Las colaboraciones del Grupo Barrera no están bajo mi control, eso le corresponde al jefe. Además, la verdad es que entre la familia Rivas y la familia Barrera ni siquiera hay mucha cooperación. ¿Quieres que primero la aumentemos y luego la cancelemos o cómo?

Karla estaba tan furiosa que la cara se le puso roja.

—¿Entonces qué quieres decir, Fabián? ¿Todavía le vas a dar más negocios a ella?

Griselda volvió a poner los ojos en blanco y, junto con Fabiola, se apartó a un lado.

Fabián no dijo nada más. Abrió la puerta del carro y le señaló a Karla que subiera.

Karla soltó un bufido.

—Ya verás el día que yo tenga el poder. Lo primero que voy a hacer es despedirte.

Fabián arqueó una ceja, siempre con esa actitud tan despreocupada. Esperó a que Karla subiera al carro, cerró la puerta y luego se frotó el oído.

Vaya que Karla podía ser molesta.

—De veras te compadezco —le soltó Griselda a Fabián con una mirada de solidaridad.

—¿Quieren que las lleve? —preguntó Fabián.

Griselda y Fabiola movieron la mano.

—No hace falta, Agustín dijo que viene por nosotras.

Agustín ya le había prometido a Fabiola que, apenas terminara sus asuntos en Firmeza Global, iba a recogerla.

Fabián asintió y justo cuando se subía al carro para irse, le entró una llamada. Su expresión cambió de golpe.

Inspiró hondo, se giró hacia Fabiola y la miró serio.

—Fabiola, prepárate mentalmente... Agustín tuvo un accidente.

El rostro de Fabiola se descompuso al instante, sintió un dolor en el vientre y, con el ceño apretado y llena de angustia, se acercó.

—Fabián, ¿qué estás diciendo? ¿Qué pasó?

Griselda también se mostró preocupada.

—¿Qué le pasó a Agustín?

—Tuvo un accidente de carro cuando venía a la escuela... Desde que recibió la herencia de César, hay demasiada gente con los ojos puestos en él —dijo Fabián, y en su voz se notaba la preocupación—. Y hay quienes de verdad desean que Agustín no siga vivo.

Fabiola casi se desplomó, pero Griselda la sostuvo por los hombros.

Agustín le tomó la mano y le sonrió.

—Estoy bien, solo fue una conmoción, nada grave. Con dormir un rato, se me pasa.

Fabiola rompió en llanto. Se sentó junto a la cama y se abrazó a Agustín, soltando todo el miedo acumulado.

A Agustín le dolía verla así. Sabía que su accidente la había asustado muchísimo...

Pero en el futuro, probablemente iban a enfrentar momentos como ese una y otra vez.

Mientras no atraparan a la persona que estaba detrás de Héctor, tendrían que seguir aguantando esos ataques inesperados.

—¿Ya sabes quién fue? —preguntó Fabiola, con la voz entrecortada.

Agustín negó.

—Todavía lo están investigando.

Héctor no era precisamente brillante, pero quien lo respaldaba sí que tenía la cabeza fría.

—¿No será Sebastián? —dijo Fabiola, dudando de sí misma pero sin poder evitar pensarlo.

Al menos hasta ahora, en Costa Esmeralda, el único con suficiente poder que además tenía cuentas pendientes con Agustín era Sebastián.

Si Agustín moría, toda su fortuna pasaría a manos de Fabiola. Y si Sebastián llegaba a casarse con ella, mataba dos pájaros de un tiro.

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