—Y también está Gastón... Hay demasiada gente a su alrededor buscando ponerlo en mi contra, ¿de verdad se puede confiar en él? —preguntó Fabiola en voz baja, con el ceño arrugado por la preocupación—. Hoy, para tantear las intenciones de Violeta, fui muy cortante con Gastón...
Agustín soltó una sonrisa tranquila y le apretó la mano a Fabiola.
—No te claves con eso. Gastón no es ningún ingenuo; entiende muy bien lo que pasa a su alrededor. Si alguien quiere sembrar cizaña, él se da cuenta de inmediato. Nunca vas a poder despertar a quien finge dormir, y tampoco vas a domar a quien no quiere dejar de volar.
A Agustín no le quitaba el sueño la posibilidad de que Gastón se desviara en el futuro.
Gastón era un muchacho necesitado de cariño, con un anhelo casi desesperado de ser amado.
En su interior, cargaba una balanza: en cualquier momento podía inclinarse hacia el bien o dejarse arrastrar por la oscuridad. Pero la decisión final era completamente suya.
...
—¡Hermano...!
Desde la puerta, Gastón asomó la cabeza de manera furtiva, echando un vistazo a ambos lados antes de entrar. Llevaba una gorra bajada hasta las cejas y traía en la mano una charola de sandía fresca.
—Cuñada, esto es para ti —dijo Gastón con una sonrisa inocente, como si nada malo hubiera pasado. Claramente se las había arreglado para zafarse de quienes lo vigilaban.
Fabiola se quedó un poco sorprendida, pero al momento aceptó la sandía que le ofrecía.
—Hoy no me porté tan bien contigo...
—Lo entiendo. Frente a los demás tienes que tratarme así, solo de esa forma puedes descubrir quiénes son los que te están espiando para manipularme —le respondió Gastón, con una claridad que dejaba helado a cualquiera.
Era tan inteligente que daba miedo.
Agustín sostuvo su mirada.
Al menos por ahora, tenía claro que Gastón hablaba desde el corazón.
—Detrás de Héctor Barrera hay alguien más moviendo los hilos. El enemigo se esconde en las sombras mientras nosotros estamos a la vista. Si no sacamos a ese tipo, siempre habrá peligro. Y por lo que yo he analizado, ese alguien quiere tanto a la familia Barrera como a la familia Lucero. Alguien con un apetito tan grande no es cualquier don nadie. Hay que encontrarlo primero —explicó Agustín. No había intentado recuperar el Grupo Lucero porque su prioridad era unir fuerzas con Gastón y descubrir quién era el verdadero enemigo.
—Hermano, sé que quieres que trabajemos juntos para sacar al traidor. Ahora todos a mi alrededor intentan manipularme, pero yo me dejo llevar poquito a poquito. Si todo sigue su curso, el pez grande no va a resistir y terminará mostrándose por sí solo —susurró Gastón, esbozando una sonrisa astuta.
Agustín alzó una ceja. Gastón tenía la habilidad de entender todo con tan solo una pista, sin que hiciera falta decirle mucho más.
Gastón sabía que el enemigo principal deseaba dividir a los hermanos, provocar una pelea interna, ojalá terminara con uno de ellos fuera del camino.
Gastón todavía era un lobo joven en proceso de crecer, pero Agustín ya era el lobo líder. Por eso el verdadero enemigo temía más a Agustín, deseaba verlo fuera de circulación. Si lograba quitarlo de en medio y dejar solo a Gastón, eliminarlo antes de que creciera sería pan comido. Así, el Grupo Lucero caería en sus manos sin mayor esfuerzo.

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