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Florecer en Cenizas romance Capítulo 396

—Sebastián, yo no te voy a ayudar nada más porque sí. Si decido echarte la mano, tienes que estar dispuesto a pagar el precio. Espero que lo valgas —Agustín revisó la hora en su reloj, luego se levantó para irse.

Ya era tarde. Fabiola seguro estaría preocupada.

—Agustín, está clarísimo que ahora mismo la situación es peligrosa para ti... —Sebastián lo siguió apresurado.

—Si Fabiola sigue a tu lado, la van a meter en el problema. Si de verdad te pasa algo, claro que voy a intervenir. Pero si Fabiola decide regresar conmigo, no me pidas que sea considerado contigo —Sebastián le dejó todo en claro antes de que las cosas se complicaran más. Él no pensaba renunciar a Fabiola tan fácil.

Agustín ni se molestó en contestarle.

Sebastián intentó decir algo más, pero Agustín ya había entrado al elevador y le cerró la puerta en la cara.

—... —Sebastián respiró profundo, resignado. Agustín le parecía un loco total...

...

Departamento de Agustín.

Fabiola llevaba rato acostada, pero era imposible dormir si Agustín no regresaba.

Ya hasta empezaba a inquietarse porque últimamente dependía demasiado de él.

Eso le causaba un problema grave: si Agustín salía de viaje o no llegaba temprano, ella no conciliaba el sueño.

Suspiró y sacó el celular para revisar el perfil de Agustín; todo limpio, sin publicaciones, la foto de perfil era completamente negra...

De pronto escuchó ruido afuera.

Fabiola se levantó de inmediato y corrió hacia la puerta.

Agustín acababa de llegar. Al parecer, imaginaba que ella seguía despierta, así que le trajo algo para la cena.

Fabiola se lanzó a abrazarlo.

—¿No dormiste? —le preguntó Agustín, con voz suave.

—No pude —admitió Fabiola. No dejaba de darle vueltas a lo que Agustín le había contado. La persona detrás de todo llevaba años manipulando a la familia Barrera y a la familia Lucero. No iba a rendirse justo ahora.

Sobre todo después de la muerte de César y que Roberto estuviera cada vez más débil...

El plan de Héctor y la falsa Karla había fracasado, así que el culpable de fondo seguro ya ni podía esperar más.

Dicho esto, Gastón tomó su maleta y se fue, con el alma hecha trizas.

—Gastón, mejor quédate en mi casa —Violeta le ofreció enseguida, apresurándose tras él.

—No queda bien, tú eres mujer y yo hombre. Mejor me voy a un hotel, cualquier hotel del Grupo Lucero me recibe sin problema —Gastón tenía el ceño fruncido y se notaba que estaba molesto.

—Ni le preguntes a Agustín. Si se lo dices, seguro se va a hacer el inocente. No vale la pena. Pero tampoco te pelees de frente con él, ¿de qué te sirve? Mejor haz como si todo bien. Fíjate, con la cantidad de enemigos que se ha ganado, quién sabe cuánto le quede. Tú prepárate, en cualquier momento puedes reclamar la herencia del viejo.

Gastón se detuvo y miró a Violeta.

—Gracias.

Violeta sonrió tranquila.

—¿Gracias de qué? El viejo me pidió que te cuidara. Él confió en mí y yo tengo que responderle.

El carro de Gastón llegó. Se subió y, cuando Violeta desapareció de su vista, sacó el celular y le mandó un mensaje a Agustín.

[Hermano, vinieron unos tipos diciendo que eran de tu parte, que venían a revisar y recuperar los bienes, y me sacaron de la casa.]

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