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Florecer en Cenizas romance Capítulo 418

—No resoples así, dime de una vez, ¿qué pasó? —Griselda casi saltó del susto, frunciendo el ceño mientras miraba a Gastón.

Gastón tenía la cara pálida, el pecho subía y bajaba con fuerza; se notaba que estaba conteniéndose.

—Mi... mi hermano... le pasó algo.

No dijo más. Salió rápido, sin mirar atrás.

Fabiola, con un suspiro tembloroso, apenas si logró mantenerse en pie, pero también salió tras él.

La inquietud de Griselda era evidente; se levantó apurada y fue detrás de ellos.

Violeta, por su parte, seguía sentada, sin perder la calma, con una sonrisa apenas dibujada en los labios.

Al fin, todos los planes que había armado se habían cumplido.

Agustín... ya no estaba.

La sonrisa se le escapó de nuevo. Violeta contempló sus uñas y volvió a sonreír, sin poder contenerse.

De ahora en adelante, la familia Lucero sería su imperio de marionetas...

Ahora quería ver quién se atrevería a menospreciarla.

¿Qué importaba si era la hija del mayordomo? La familia Lucero, el Grupo Lucero, y todo lo que los rodeaba acabaría bajo su control.

...

Hospital.

Cuando Fabiola, Gastón y Griselda llegaron, los médicos ya habían terminado la reanimación.

El doctor se acercó a Fabiola y negó con la cabeza, con un gesto que no dejaba lugar a dudas.

Fabiola apretó los dientes, obligándose a conservar la calma.

Pero todo se le fue a negro antes siquiera de ver el cuerpo de Agustín. No pudo más y perdió el conocimiento.

—¡Cuñada!

Además del dolor por Agustín, lo que más la angustiaba era Fabiola. Sin Agustín, la vida le iba a pesar demasiado.

Fabiola no dijo nada. Solo bajó la cabeza, completamente sumida en su dolor.

Emilio se quedó a su lado, en silencio.

Poco después, Sebastián, Fabián Gallegos y algunos otros llegaron a la habitación. Al ver a Fabiola tan pálida, nadie supo cómo consolarla.

—Quiero... quiero verlo —murmuró Fabiola apenas.

Necesitaba ver el cuerpo de Agustín. Al menos, debía asegurarse de que era verdad, de que Agustín ya no estaba.

—Los supuestos familiares de la familia Lucero ya vienen en camino a Costa Esmeralda. Cuando falleció el viejo Lucero, ya armaron un escándalo. Ahora que Agustín murió, seguro van a hacer lo imposible por quedarse con todo. No van a permitir que heredes tú sola los bienes de Agustín —advirtió Fabián en voz baja, intentando que Fabiola reaccionara.

No era momento para dejarse vencer por la tristeza.

Tenía que salir del encierro de cristal donde Agustín la había puesto.

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