Fabiola asintió con los ojos enrojecidos, aunque no entendía por qué Frida era tan buena con ella, en ese momento anhelaba profundamente ese calor y cercanía familiar.
—No llores —Frida la abrazó con fuerza, sintiendo un nudo en la garganta—. Fabiola, tienes que aprender a ser fuerte. Cuando regreses del extranjero... tal vez te toque enfrentar una batalla aún más dura.
Frida soltó un suspiro, cargado de preocupación.
Ella había regresado porque había escuchado que la salud de Roberto iba de mal en peor. Héctor Barrera llevaba años envenenando al viejo, y aunque al final lo descubrieron, su cuerpo ya había sufrido demasiado.
La identidad de Fabiola como la verdadera heredera de la familia Barrera saldría a la luz antes de que el abuelo falleciera.
Lo que se venía para Fabiola no sería sencillo: le tocaría enfrentar la tormenta interna de la familia Barrera, con todas sus traiciones y luchas despiadadas.
Fabiola respiró profundo. Hasta ese momento, ella pensaba que sólo tendría que proteger los bienes de Agustín y cuidar de ella y su hijo.
Lo que todavía no sabía... era que en realidad era la auténtica hija de la familia Barrera, y que estaba destinada a heredar tanto el Grupo Barrera como los miles de millones de pesos de la familia.
...
Después de despedirse de Frida, Fabiola se dirigió a las oficinas de Firmeza Global.
En el fondo, Fabiola era muy inteligente. Desde que vio a Emilio aparecer con ese ramo de flores blancas, su intuición se tranquilizó.
Sabía que a Agustín podía pasarle algo, pero estaba segura de que no sería fácil que esos desgraciados lograran engañarlo.
Confiaba en que cada decisión de Agustín tenía un motivo. Lo mejor que podía hacer era protegerse a sí misma y a su hijo. Así, le daba la mayor ayuda posible a Agustín.
—Sra. Lucero —Facundo la recibió, algo confundido por su visita repentina a Firmeza Global—. ¿En qué puedo servirle hoy?
—Mi esposo, en vida, invirtió la mayoría de la herencia de César Lucero en el Grupo Benítez. Ahora ese dinero está en disputa y el Grupo Benítez lo tiene congelado, pero aún quedan muchos activos a su nombre...
La voz de Fabiola sonaba tranquila, pero en el fondo tenía un temple inquebrantable.
Lo que ella proponía era, sin duda, de gran ayuda para Agustín, aunque Facundo no se sentía con la autoridad para tomar una decisión así por su cuenta.
—Sobre esto... Déjeme consultarlo y le doy una respuesta lo antes posible, ¿le parece bien? —respondió Facundo, apurado.
Fabiola asintió, satisfecha.
Ahora sí podía estar tranquila.
Si Agustín hubiera muerto de verdad, Facundo sería quien tomaría todas las decisiones en Firmeza Global y no habría pedido tiempo para pensarlo. Si necesitaba consultarlo, era porque Agustín seguía al mando.
El verdadero motivo de su visita era poner a prueba a Facundo.
Al ver que todo cuadraba, Fabiola bajó la mirada y sonrió.
Qué alivio... Saber que él seguía vivo era todo lo que necesitaba.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Florecer en Cenizas
Queria esse lucro em português brasileiro...