—Señor... —La puerta de la sala de emergencias se cerró y el asistente se apresuró a llegar—. No sabemos quién filtró la noticia de que el señor ya está muy grave, pero Héctor y Paulina llegaron anoche a Ciudad de la Luna Creciente. Están afuera, dicen que quieren ver al señor por última vez.
Afuera del hospital había una multitud de reporteros. Al final, Héctor seguía siendo hijo del viejo, así que si no lo dejaban pasar, al día siguiente la prensa iba a hacer un escándalo...
Fabián clavó la mirada en el asistente, con expresión seria.
—Déjalos pasar. Que entren los dos.
...
Afuera del hospital.
Paulina y Héctor se apoyaban el uno al otro, el drama a flor de piel, como si en cualquier momento fueran a desmayarse de tanto dolor.
—Por favor, se los suplico, déjennos ver a mi abuelo por última vez —lloriqueó Paulina, suplicando frente a las cámaras.
Aquel espectáculo frente a los medios era la antesala para la batalla por la herencia. Sabían lo que hacían.
—Señorita Paulina, dicen que el señor ya encontró a la verdadera heredera de la familia Barrera, a la señorita Karla. ¿Sabe algo de eso? —preguntó uno de los reporteros.
Paulina sacudió la cabeza, con lágrimas corriéndole por las mejillas.
—Todo lo de la familia Barrera siempre fue de Karla, si de verdad regresó, no vamos a pelear con ella. Pero el señor es mi familia, solo quiero verlo por última vez.
Héctor también se arrodilló en el suelo, llorando desconsolado.
—Papá, deja que tu hijo te vea una vez más. Sé que no fui el hijo de la mujer a la que más quisiste, pero yo no elegí nacer así. Todos estos años me he partido el lomo por la familia Barrera... ¿ni siquiera me dejas despedirme de ti?
Todo eso iba dirigido a la prensa. Héctor, aunque era hijo ilegítimo, fruto de una relación prohibida, no podía elegir cómo nació. Había hecho de todo por la familia Barrera, ¿le iban a dejar sin absolutamente nada?
Ellos ya estaban apostando por ganar la batalla mediática.
Además, Héctor y Paulina jugaban con la idea de que Karla ni siquiera iba a aparecer.
—Papá, ya mandé vigilar a Fabián. Cualquier persona que pueda ser Karla, la tenemos en la mira... Por ahora, ni rastro —susurró Paulina al oído de Héctor.
Quizá Karla nunca había sido encontrada, y si de verdad la hubieran hallado, ¿Roberto habría aguantado tanto tiempo con ese dolor? Todo era un rumor, una cortina de humo.
Héctor asintió y justo entonces vieron llegar al asistente de Fabián.
...
Italia, aeropuerto internacional.
Fabiola caminaba con su bebé en brazos, mientras Tomás y varios guardaespaldas la seguían de cerca.
—Fabiola, Agustín quiere hablar contigo —le dijo Tomás, acercándose con el teléfono en la mano.
Fabiola asintió, tomó el celular.
—Ya llegué al aeropuerto. El bebé se queda con mi hermana y la niñera, aquí estará seguro.
Dejarlo en Italia era más seguro que llevarlo de regreso.
Esta vez, su regreso iba a ser una batalla sin tregua.
—Fabiola... hay algo que necesito decirte. Quiero que estés preparada —la voz de Agustín sonó al otro lado de la línea, dudando.
—¿Quieres decir que soy la heredera de la familia Barrera, Karla, verdad? —Fabiola le ahorró el trabajo, diciendo en voz baja lo que él no se atrevía a pronunciar.

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