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Florecer en Cenizas romance Capítulo 544

El despertar fue lento y doloroso, como salir de un pozo de brea. Fabiola abrió los ojos, pero todo estaba borroso. Un dolor punzante le taladraba la sien izquierda, residuo del cloroformo y del golpe al caer. Intentó llevarse la mano a la cabeza, pero algo se lo impidió.

Estaba sentada en una silla de metal oxidada, con las muñecas atadas a la espalda con bridas de plástico que le cortaban la circulación. Sus tobillos también estaban sujetos a las patas de la silla.

El olor a humedad, aceite de motor viejo y polvo le llenó la nariz. Parpadeó varias veces hasta que su visión se aclaró. Estaba en una inmensa bodega industrial abandonada. La luz de la tarde entraba por las ventanas rotas del techo, creando haces de luz llenos de partículas de polvo flotante. Había maquinaria vieja cubierta con lonas sucias en las esquinas.

—Bienvenida, princesa —dijo una voz rasposa que salió de la penumbra.

Fabiola se tensó. Conocía esa voz. La había escuchado en las fiestas de su abuelo, fingiendo amabilidad, fingiendo respeto.

Santiago Robles salió de entre las sombras. Ya no llevaba sus trajes impecables de sastre italiano. Vestía una camisa negra arremangada y pantalones de trabajo. Su cabello, normalmente peinado hacia atrás, estaba revuelto, y sus ojos tenían un brillo febril, desquiciado.

—Tío Santiago... —susurró Fabiola, con la garganta seca.

—No me llames tío —escupió Santiago, acercándose a ella con paso pesado. Arrastró una caja de madera y se sentó frente a ella, invadiendo su espacio—. Ese papel de "tío amable" me tenía harto. Tantos años sonriéndole a tu abuelo Roberto, fingiendo que no me daba asco su moralidad barata.

Fabiola enderezó la espalda, negándose a mostrar miedo.

—¿Por qué haces esto? Tienes dinero, tienes poder. ¿Qué ganas secuestrándome?

Santiago soltó una risa seca, sin humor.

—¿Dinero? ¿Poder? Tu abuelo me bloqueó en cada negocio importante durante treinta años. "Eso no es ético, Santiago", "No podemos lavar dinero, Santiago". —Imitó la voz de Roberto Barrera con burla—. Él me frenó. Me quitó lo que era mío por derecho. Por eso tuve que... acelerar su retiro.

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