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Florecer en Cenizas romance Capítulo 74

La escuela exigió que todos regresaran para un anuncio importante: iban a revelar los lugares para el intercambio académico en Italia.

Para los estudiantes de diseño arquitectónico, la oportunidad de ir a Italia, cuna de arte y arquitectura, era un sueño casi imposible de alcanzar. Además, el tutor a cargo en esta ocasión era el diseñador más famoso del gremio, una eminencia reconocida por convertir hasta el talento más apagado en un verdadero artista. Si hasta la gente más limitada podía brillar bajo su guía, ¿qué no haría con alguien como Fabiola, que ya tenía el don en la sangre?

Fabiola llegó tarde al aula debido a Sebastián y Martina. Al entrar, notó que todos sus compañeros ya estaban ahí. Después de medio año de prácticas, el ambiente se llenaba de risas, bromas y gritos, como si el tiempo no hubiera pasado. Pero apenas Fabiola cruzó la puerta, el bullicio murió al instante. Todos bajaron la mirada, fingiendo no verla, y el aire se volvió denso de indiferencia.

Para Fabiola, este recibimiento no era nuevo. Ya se había acostumbrado al desprecio, sobre todo después de haber expuesto en redes sociales las injusticias de la escuela. Sabía que muchos de sus compañeros habían recibido dinero para difamarla... así que la hostilidad era de esperarse.

—Mira nada más, todavía tienes el descaro de venir —le lanzó Ximena con esa cantaleta mordaz, justo cuando Fabiola pasó junto a su asiento.

Antes, Fabiola habría hecho como que no escuchó y habría seguido adelante, tragándose el coraje. Pero ese día, ya no le nació quedarse callada.

Se detuvo en seco junto a Ximena y alzó la voz, fuerte y clara:

—¿Y tú, que robas ideas de los demás y pagas por tus proyectos, tienes cara para estar aquí? Si yo soy la víctima, ¿por qué tendría que esconderme?

Ximena la miró, atónita. ¿Esa era la misma Fabiola que antes no se atrevía ni a defenderse?

—¿Te volviste loca o qué? —le soltó Ximena, sintiéndose expuesta, y se levantó de golpe, golpeando el pupitre—. ¡No te atrevas a hablarme así!

—¿Entonces cómo quieres que te hable, señorita Ximena? —le espetó Fabiola con una sonrisa torcida, los ojos encendidos de rabia—. ¿Con respeto? No te confundas.

Fabiola nunca había sido una oveja mansa. Solo se había estado guardando las ganas de explotar.

—Ximena, ya déjala, no la busques. Está desquiciada —le susurró la chica a su lado, jalándola del brazo—. Ella nos mandó cartas de abogados a todos... No conviene meterse.

Ximena apretó los dientes, el orgullo roto, y se volvió a sentar de mala gana, soltando un bufido.

—Fabiola, somos compañeros. Lo que se dijo de ti en internet ya quedó en el pasado, ¿no? Además, escuché que tu novio tiene lana. Él fue quien metió a Renata, Silvia y Leticia a la cárcel. ¿Por qué no sueltas el rencor?

Por fin, alguien rompió el hielo, tratando de sonar conciliador.

—¿De verdad crees que los ricos se ciegan por una como tú? Eres huérfana, solo te están usando para pasar el rato —Ximena trató de recuperar terreno, lanzándole una mirada cargada de veneno.

Fabiola la ignoró. Ya no tenía caso discutir con personas que solo sabían destruir.

En ese momento, el profesor entró para anunciar los lugares para el intercambio a Italia. Sebastián esperaba afuera, apoyado en la pared, como si nada.

—Los lugares para Italia iban a ser solo cuatro, pero la escuela solicitó uno extra exclusivamente para Fabiola —dijo el maestro, sin atreverse a mirar a Fabiola a los ojos.

¿Uno especial para ella? Le parecía tan absurdo como insultante.

—Nora, Gonzalo, Leticia... —al mencionar a Leticia, el maestro tosió y la miró de reojo.

Leticia había sido llevada por la policía. Si la acusaban de delito, ese lugar ya no podría ser suyo.

—Ximena... —el maestro se ajustó los lentes, vacilante.

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