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Florecer en Cenizas romance Capítulo 95

Fabiola guardó silencio, sintiendo una incomodidad en el pecho que no lograba entender del todo.

Aquel año, cuando Agustín y el patriarca de la familia Lucero tuvieron esa pelea que sacudió a medio mundo, toda Ciudad de la Luna Creciente, y hasta el círculo empresarial, se quedó paralizada por el escándalo.

Con el peso que tenía la familia Lucero, cientos de personas y medios de comunicación no les quitaban los ojos de encima; cualquier movimiento suyo se volvía noticia internacional en cuestión de minutos.

Agustín tenía dieciocho años cuando, por Anahí, rompió con su familia. Fabiola, en ese entonces, apenas tenía doce. Justo ese año, ella seguía sufriendo porque sus padres adoptivos la habían regresado al orfanato.

—Fabiola, nadie puede dejar huella en el corazón de Agustín, porque ese corazón solo le pertenece a Anahí —le soltó Paulina, en tono de advertencia, para que ni se le ocurriera encariñarse con él.

—¿Te gusta Agustín? ¿Estás triste porque su corazón ya tiene dueña? —le reviró Fabiola, mirándola de frente—. Si tan claro tienes que entre Agustín y yo solo hay un acuerdo de trabajo, entonces no entiendo para qué me vienes con esto. ¿Crees que me estoy humillando o qué?

Paulina arrugó la frente, la expresión le cambió un par de veces, hasta que terminó soltando una carcajada.

—Martina dice que pareces una conejita, pero que al final eres la que más muerde. No le creía, pero ya veo que sí tienes colmillos.

—Qué exagerada —replicó Fabiola, volviendo a mirar por la ventana, serena.

—Te lo advierto porque me da miedo que te enamores de él. Nadie conoce mejor que yo el encanto de Agustín... —Paulina lo dijo con un tono tan tranquilo, pero a Fabiola le dolió como si le clavaran una espina en el pecho.

Y sí, pensó Fabiola, alguien tan especial como Agustín... después de convivir un tiempo, ¿quién no terminaría sintiendo algo?

...

El carro se detuvo frente al centro de rehabilitación.

Fabiola bajó detrás de Paulina.

—Hoy quedé de ver a Anahí. Le interesas bastante, y quería presentártela —explicó Paulina, sonriendo mientras ambas entraban al centro.

Fabiola frunció el ceño, sin saber por qué Anahí querría conocerla.

En la zona de rehabilitación, Anahí avanzaba con cuidado, sosteniéndose de unas barras. Sus piernas parecían no responderle.

—Solo es un matrimonio por contrato, lo sé. Él mismo me lo contó —Anahí la interrumpió, con una sonrisa tranquila—. A decir verdad, no estoy de acuerdo con lo que hizo Agustín. Esto no es justo para ti.

La sonrisa de Anahí se desdibujó, y en su mirada apareció una compasión que hizo tambalear a Fabiola.

—Por culpa del accidente y la edad, ya no puedo tener hijos... Pero la familia Lucero jamás permitiría que Agustín se quedara sin descendencia. Por eso, al hacer ese contrato y pedirte que tuvieras un hijo, cometió un error.

Fabiola sintió que el corazón se le apretaba con fuerza, y hasta le costó trabajo respirar.

Así que, pensó, el motivo para pedirle un hijo durante el contrato era que Anahí no podía tenerlo.

Los ojos de Fabiola se llenaron de lágrimas, pero se obligó a hablar con firmeza.

—Señorita Salazar, ¿por qué me cuenta todo esto?

—Quiero que tú y Agustín terminen con este matrimonio de negocios antes de que cometan un error. El dinero que él te prometió, yo puedo pagártelo —Anahí le pidió a Fabiola que dejara a Agustín—. Agustín nunca te ha tocado, ¿verdad? Él me prometió que solo te pediría un hijo por medio de un tratamiento especial.

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