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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 112

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Él quería que Vania supiera que él, Julián Herrera, era un buen partido y que muchas mujeres morían por estar con él.

No era un hombre desechable que Vania pudiera tirar y recoger a su antojo.

Vania llegó al límite de su paciencia. Si no fuera porque Vanina era la prometida de Julián, y si Natalia no se hubiera adelantado, ella misma le habría cruzado la cara.

—¿A quién llamas ramera?

En la entrada, los meseros hacían reverencias para recibir a un personaje importante.

Sin embargo, el hombre caminó a zancadas largas y directas hacia la mesa de Vania.

Llevaba el brazo izquierdo en cabestrillo, pero con el derecho rodeó la cintura de Vania en un gesto posesivo y autoritario. Su mirada de advertencia fue tan intensa que le heló la sangre a Vanina de pies a cabeza.

Vania intentó zafarse, pero estando Julián y Vanina presentes, no quería generar más malentendidos, así que permitió que Hugo la abrazara.

Lejos de la vista de los demás, el tacón de su zapato se clavó con fuerza en el empeine de Hugo.

El hombre lo sintió, pero ni siquiera frunció el ceño. En cambio, apretó su agarre en la cintura de ella, causándole dolor.

Vania frunció el ceño, aguantando el gemido, y solo pudo fulminarlo con la mirada.

Aprovechándose de su apuro, Hugo tuvo la desfachatez de besarla en la mejilla frente a todos. Luego, ignorando por completo a los presentes, la levantó y la sentó sobre sus piernas.

—Yo organicé esta reunión. Disculpen la demora, tuve un asunto en la empresa.

Hizo una pausa y luego miró a Vania con una ternura profunda.

—Mi amor, estos días has estado indispuesta por tu periodo. Procura no tomar nada frío.

Levantó la mano y le acomodó suavemente un mechón de cabello detrás de la oreja.

La intimidad entre los dos era tan natural que nadie dudaría de que eran un matrimonio perfecto.

Los movimientos de Hugo eran audaces; dejó descansar su mano sobre la pierna estilizada de Vania, acariciándola de vez en cuando.

Incluso Natalia, que estaba acostumbrada a ver de todo, se sonrojó.

Ante esa descarada demostración de territorio, Julián no era ningún idiota. Apretó los puños a los costados sin darse cuenta.

Durante todos esos años, la información que le había llegado aseguraba que su primo no sentía ni el más mínimo afecto por Vania. Jamás se les había visto juntos en público.

Si no, ¿por qué habría hecho hasta lo imposible por meterse en la cama de su primo?

A él no le habría importado que Vania usara sus trucos para recuperarlo o para arrebatárselo a Vanina. Él jamás sería tan frío y despiadado con ella como lo era Hugo.

Pero...

La actitud de Hugo era verdaderamente desconcertante. Ya ni siquiera él estaba seguro de nada.

—Lo siento mucho, primo, Vania. Nosotros somos los que interrumpimos. Vanina no sabe lo que dice, me disculpo en su nombre.

Hugo tomó el cenicero de la mesa y lo estrelló contra el suelo de golpe. Todos en el restaurante dieron un salto del susto.

Su voz sonó pausada y letal.

—No quiero volver a escuchar que uses ese tono cariñoso delante de mi esposa. O le buscas otro apodo a tu noviecita, o...

Los oscuros y feroces ojos de Hugo dejaron a Julián sin aliento.

—...te buscas a otra mujer.

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