Entrar Via

Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 115

Al ver que la situación era tensa, el hombre se rió nerviosamente, soltó una excusa y se esfumó.

Hugo clavó su gélida mirada en la espalda de Vania y Natalia mientras se alejaban.

Cristina se mordió el labio e intentó tomar a Hugo del brazo de nuevo, pero él la frenó con una simple mirada.

—¿Qué hacías aquí?

Cristina adoptó una expresión de pura inocencia y respondió en voz baja:

—Xavier estaba encaprichado con venir a comer las entradas de este restaurante, no quería ir a ningún otro lado. No me imaginé que tú y tu esposa estuvieran cenando aquí. ¿Los interrumpí? Además, por cómo reaccionó Vania, creo que malinterpretó las cosas. Si quieres, voy y le explico.

Hugo respondió con frialdad:

—No hace falta. Dime qué quiere comer Xavier, yo lo pido.

Una sutil sonrisa de triunfo se dibujó en los labios de Cristina.

—Lo de siempre, lo que pide cada vez que lo traes.

Cristina alzó la vista hacia el gerente del restaurante que se acercaba, luciendo un aire de arrogancia.

—A nuestro privado habitual. El menú de siempre. El señor Yáñez no come cilantro, ni cebolla, ni ajo.

El gerente asintió enérgicamente y corrió a dar las órdenes.

Hugo frunció ligeramente el ceño y le entregó la mano de Xavier a Cristina.

—Coman ustedes. Tengo asuntos que atender en la empresa, no podré acompañarlos.

La sonrisa de Cristina se congeló.

Siempre que venía a buscar a Hugo, traía a Xavier consigo. Siempre que el niño estaba presente, Hugo dejaba cualquier cosa, por más importante que fuera, para acompañarlos.

Pero esta vez...

Sintió que algo había cambiado.

A través del ventanal, las figuras de Vania y Natalia ya habían desaparecido.

Cristina se mordió el labio inferior, llena de dudas. ¿Hugo se iba tan rápido por culpa de Vania?

Se quedó en silencio unos segundos y, al levantar la vista, sus ojos volvieron a llenarse de ternura.

—Está bien. Si tienes cosas que hacer, ve tranquilo. Yo también regresaré a la oficina en cuanto terminemos de comer.

Un brillo extraño cruzó por los oscuros ojos de Hugo, tan rápido que fue imperceptible. Se dio la vuelta sin dar más explicaciones y caminó hacia la salida a paso acelerado.

La tierna mirada de Cristina se cubrió de una capa de escarcha.

Xavier la miró confundido.

—Mamá, ¿papá Hugo no va a comer con nosotros?

Hugo estaba a punto de cruzar la puerta cuando escuchó el grito agudo de una mujer, seguido del ruido de algo rodando por las escaleras.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama