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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 116

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Tardaron varios minutos en recuperar el aliento.

—Vania, hoy las dos nos pusimos en contra de Hugo. ¿Crees que vuelva a tomar represalias contra ti? ¿Por qué no te vienes a vivir conmigo?

Vania sonrió con amargura.

—Quién sabe de qué es capaz ese perro.

La había obligado a arrodillarse bajo la lluvia, y hoy ella había insultado a su amadita. Era muy probable que Hugo se la comiera viva al llegar a casa.

—Pero Luna...

Vania dudó.

Tampoco quería volver. Hay que ser muy estúpida para saber que te espera un castigo de ese maniático y aun así meterte en la boca del lobo.

—Eso es fácil, vamos por Luna y nos la llevamos con nosotras. Ahora estoy viviendo con mi tío. Dudo mucho que él no pueda lidiar con tu esposo... digo, con ese perro.

Su tío era su escudo más poderoso. Aunque la última vez que vio a la novia de su tío...

La mirada de Natalia se ensombreció un poco, poniéndola de mal humor sin razón aparente.

—Vámonos. Vamos por Luna.

Natalia era de las que pasaban de la idea a la acción en segundos, y Vania dejó de dudar. Pasaron a la guardería por la niña y se la pasaron paseando y comiendo por todos lados.

Se hizo tarde y Luna estaba agotada.

Al llegar a la mansión de Rodrigo Quintana, Natalia le pidió al personal que arreglaran una habitación para Vania y su hija.

Ya pasada la medianoche, Natalia tocó a la puerta.

Vania se frotó los ojos.

—Vamos a tomar algo.

Vania dio un respingo.

—¿A esta hora?

—Tranquila, el mayordomo está en casa. Solo volveremos de madrugada.

Sin aceptar un "no" por respuesta, Natalia arrastró a Vania con ella.

Natalia llevaba ropa bastante atrevida, mientras que Vania iba vestida de lo más formal. Natalia frunció el ceño al verla.

—Amiga, ¿puedes vestirte como si fueras a un antro? Con esa ropa van a pensar que secuestré a una monja.

Vania se negó rotundamente.

—Me voy así. Total, solo voy a hacerte compañía.

Hugo le había hecho escribir esa carta de garantía y ella tenía muy claras las reglas. No era tanto por miedo a él, sino que no quería volver a pasar por esa humillación.

Natalia se encogió de hombros y la dejó ser.

Las dos mujeres se escabulleron de la casa.

Cuando Rodrigo llegó, notó que la casa estaba inusualmente silenciosa.

—¿Dónde está Nati?

Si ese hombre no podía controlar a su esposa, Rodrigo sentía que iba a tener que usar métodos menos ortodoxos.

...

Hugo seguía en el hospital con Xavier.

Afortunadamente, solo habían sido unos rasguños sin mayor gravedad.

Cristina tenía una expresión de pura angustia mientras el médico les daba instrucciones.

—El niño tiene sepsis, es vital que no sufra heridas. Como padres, deben prestar muchísima atención a su seguridad. Esto no puede volver a ocurrir.

El médico los confundió con un matrimonio.

Las mejillas de Cristina se tiñeron de un ligero rubor. Miró de reojo a Hugo y, al ver que él no hacía el menor intento por aclarar la situación, se sonrojó aún más.

Xavier miró a Hugo, molesto.

—Papá Hugo, ¿cuándo vas a mandar cerrar ese restaurante?

Hugo le revolvió el cabello al niño. Justo cuando pensaba en cómo educarlo sin ser demasiado duro, sonó su celular.

Al ver que era Rodrigo Quintana, dudó un momento, pero al final contestó.

—Tu esposa volvió a llevarse a Nati a un bar —dijo Rodrigo, claramente disgustado.

La mirada de Hugo se volvió aún más fría.

—Fue tu mujer la que amenazó con demandarme. Rodrigo, no vuelvas a llamarme para esto. Lo que haga Vania no es asunto mío.

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