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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 135

Mencionar a su hijo menor fue suficiente para que a Sonia se le partiera el corazón en pedazos.

Hugo encendió un cigarrillo, sacó la mano por la ventana y dejó que el humo se disipara con la brisa. No le dio ni una calada, y aunque su rostro se mantuvo frío y distante, las comisuras de sus ojos se tornaron rojas.

César...

Ese era el único lugar en el alma de Hugo que todavía guardaba algo de calidez.

Finalmente, apagó el cigarrillo aplastándolo contra el borde de la ventana y lo arrojó a la basura. Soltó una risa amarga.

—¿Quitarle a Luna? Mamá, por poco y te rompe los huesos a ti. Con la actitud que trae ahora, ¿piensas jugarte la vida intentando quitarle a su hija?

Sonia se quedó sin palabras por un instante, hasta que la rabia volvió a apoderarse de ella.

—¡Tú! ¡Tú eres el que tiene que quitarle a Luna! La mantenemos aquí para que sirva como bolsa de sangre para Xavier, y simplemente le prohibimos a Vania verla. Si ni siquiera tienes la capacidad de hacer algo tan simple, ¿para qué me sirves?

Hugo la miró con ojos helados.

—Secuestrar es un delito. A mí no me metas en tus locuras.

Sonia tragó grueso. Tardó unos segundos en procesar lo que acababa de escuchar y luego estalló:

—¡Tú también te volviste loco! ¡Incluso la estás defendiendo! No me digas que en serio te estás enamorando de esa desquiciada. ¿Qué tiene de malo Cristina? Ella tuvo un hijo con tu difunto hermano, él lleva cuatro años muerto y tú y ella fueron pareja en el pasado. Quédate con Luna, echa a Vania a la calle y cásate con Cristina. Si haces eso, hasta tu abuela lo apoyaría. Y si se opone, yo misma hablaré con ella. Soy tu madre, esa mujer casi me mata a golpes, ¡y todavía la defiendes! ¿Acaso no eres mi hijo?

Con un movimiento brusco de su brazo, Sonia tiró al suelo todo lo que había en la mesa de noche. Al notar ese mínimo cambio emocional en su hijo mayor hacia Vania, su rostro se contorsionó en un gesto exagerado de incredulidad y furia.

Hugo la dejó hacer su berrinche. Vania llevaba cinco años volviéndolo loco; si él no tuviera el corazón blindado, jamás habría sobrevivido a un matrimonio así.

Ya estaba acostumbrado. Comparado con lo que hacía Vania, los berrinches de su madre no eran nada.

Esperó a que Sonia se cansara de gritar antes de enderezar su postura.

—Ya es la hora. Recuerda tomar tus medicinas.

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