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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 143

Los dos guardaespaldas inmovilizaron a Vania contra el suelo.

—¡Mamá, ayúdame!

Luna lloraba desgarradoramente.

Los ojos de la niña de cuatro años estaban llenos de pánico absoluto.

Vania estaba sometida con tanta fuerza que no podía moverse, observando impotente cómo se llevaban a su pequeña.

Solo cuando Cristina desapareció con Luna, los guardaespaldas la soltaron.

La puerta se cerró de golpe, sin piedad.

Por más que Vania gritara hasta destrozarse la garganta, nadie en ese pasillo iba a meterse en problemas ajenos.

En la entrada colgaba un letrero inconfundible.

[Departamento de Psiquiatría]

Vania estaba atrapada. Golpeó la puerta con los puños y los pies, presa de la desesperación.

Los hombres afuera fingían estar sordos.

Al tantear sus bolsillos, rozó su teléfono. No podía salir, pero podía llamar.

Sin pensarlo dos veces, marcó el número de Hugo.

Creía que él no contestaría, pero tenía que intentarlo.

Solo Hugo podía detener a esa lunática de Cristina.

Por suerte, al tercer tono, él respondió.

—Cristina se llevó a Lunita. ¿Qué le va a hacer? Dile que me devuelva a mi hija.

Al escuchar la voz de Vania al borde de la locura, Hugo frunció levemente el ceño.

Las palabras ásperas que estaban a punto de salir de su boca dieron una vuelta en su cabeza y, al final, se las tragó.

Su respuesta fue fría, como la de un completo extraño.

—Lo sé, Lunita estará bien.

Hugo echó un vistazo a la sala de emergencias. Xavier aún no salía.

Se puso de pie y no tardó en encontrar la habitación donde estaba Vania.

Al ver a sus hombres en la puerta, no hizo ningún gesto para liberarla.

Sin embargo, les preguntó a dónde había ido Cristina.

Mientras tanto, Cristina ya había ordenado que sedaran a Luna, y el médico preparaba la jeringa para la extracción de sangre.

De repente, la puerta se abrió de golpe y Hugo entró con expresión feroz.

—¿Qué estás haciendo?

Cristina no esperaba verlo allí, pero tampoco se intimidó.

—Xavier sigue en urgencias, necesito sacarle sangre para salvarlo.

Ya no le importaba nada más.

Vania se lo había prometido en su momento: esa niña existía para ser la reserva de sangre de Xavier.

Los ojos oscuros de Hugo se clavaron en el médico, con una mirada tan helada que el hombre sintió que se le congelaba la sangre.

—Largo de aquí.

El médico retrocedió, asustado, pero Cristina se interpuso en el camino, con el rostro lleno de falso agravio.

—Lo echaste. ¿Quién le va a sacar la sangre ahora?

La hostilidad emanaba de cada poro de Hugo.

—No me refería solo a él, sino también a ti. ¿Quién te dio permiso para actuar por tu cuenta?

Cristina se quedó de piedra.

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