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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 145

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Vania no se despegó del lado de Lunita.

Menos de media hora después de llegar a casa, la niña por fin despertó.

—¡Mamá!

Al abrir los ojos y ver a Vania, Lunita se arrojó de inmediato a sus brazos.

Todo el miedo que había sentido desapareció sin dejar rastro.

Su mamá no le había mentido; de verdad no se la había entregado a la aterradora tía Cristina.

Su mamá la amaba.

Lunita estaba inmensamente feliz.

Vania la revisó de pies a cabeza con desesperación.

—¿A dónde te llevaron? ¿Te hicieron algo? ¿Te duele en alguna parte? Cuéntale a mamá. Si alguien te hizo daño, te juro que no los perdonaré.

Luna se sorbió la nariz y negó con la cabeza, sin soltar el cuello de Vania.

—Me quedé dormida cuando me llevaron, no supe nada más. Pero Lunita ya sabe que mamá sí la quiere de verdad.

Desde que tenía memoria, Luna sentía que tanto su mamá como su papá no parecían quererla mucho.

Su madre solo la buscaba cuando la necesitaba para algo.

Sí, la llevaba consigo, le peinaba trenzas bonitas y le ponía vestidos hermosos.

Pero nunca la sacaba a comer cosas ricas ni la llevaba al parque de diversiones.

Sus comidas de todos los días estaban estrictamente controladas.

Eran cosas que no le gustaban, aunque Marta siempre decía que eran muy nutritivas.

Cuando veía a otros niños jugando felices con sus papás, sentía tristeza.

Ella nunca había podido compartir una comida con su padre.

Y su madre casi nunca le mostraba cariño sincero.

Lunita llegó a creer que debía ser porque ella no se portaba bien, y por eso no la querían.

Pero ahora, su mamá había cambiado muchísimo.

Incluso la había defendido frente a la familia de la tía Cristina.

Antes, su mamá jamás hubiera hecho algo así.

A veces, aunque veía que ese niño malo la molestaba, no decía nada.

Incluso la regañaba a ella con severidad.

Y Lunita, en su inocencia, nunca entendió qué era lo que había hecho mal.

Luna abrazaba el cuello de Vania, llorando y riendo al mismo tiempo.

Su mamá la estaba protegiendo.

Luna corrió emocionada. Las dos horribles tortugas que ese niño malo había dibujado el día anterior habían desaparecido.

Este vehículo se veía incluso más hermoso que cuando su mamá fue a recogerla.

Vania esbozó una media sonrisa.

Su humor no era ni bueno ni malo.

Supuso que Hugo había mandado a reparar y repintar su auto.

Pero cuando tomó la llave para abrir la puerta, descubrió que no encajaba.

Marta se acercó apresurada y le entregó un juego de llaves relucientes.

—Señora, el señor Yáñez me pidió que le diera esto. Dijo que este auto es un regalo nuevo para usted, para que pueda llevar a la niña a la escuela.

Vania soltó un bufido sarcástico.

Claro, como su adorada amante le había arruinado el auto original, ahora él sentía que debía comprarle uno nuevo para llevar a su hija.

Tomó las llaves, pero no sintió ningún agradecimiento.

Que no creyera que con esto ella dejaría en paz a Cristina.

El regalo era una cosa, pero Cristina tenía que pagar por los daños del otro auto.

Una cosa no quitaba la otra.

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