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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 156

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—No es necesario, no necesito compañía.

Hugo se puso de pie y, como por arte de magia, sacó un juguete enorme y se lo ofreció a Lunita.

—Un regalo para ti.

Lunita miró con timidez la muñeca Barbie que Hugo había puesto en sus manos.

De pronto, abrió los ojos de par en par.

¡Era la Princesa de Hielo de edición limitada que había visto en la tele!

Muchas de sus compañeritas en el colegio decían que la querían.

Pero era carísima y casi imposible de conseguir.

Lunita levantó la mirada hacia Vania.

Como si le estuviera pidiendo permiso para aceptarla.

Hugo frunció el ceño de manera casi imperceptible.

Si él, su propio padre, le daba un regalo, ¿por qué su hija tenía que pedirle permiso a Vania?

¿Acaso no lo respetaba?

Vania acarició la cabecita de Lunita y le acomodó bien la caja entre las manos.

—Sube a jugar.

La niña se iluminó de alegría, murmuró un *«Gracias, mami»* y salió corriendo hacia las escaleras abrazando su muñeca.

La ligera sonrisa que se había formado en los labios de Hugo desapareció de golpe.

Él le había dado el regalo.

¿Y le daba las gracias a su mamá?

*Ja...*

Lo dejó pasar. No tenía sentido tomarse personal la reacción de una niña.

Hugo se dirigió al comedor.

Vania subió las escaleras justo detrás de Lunita.

Aguzó el oído para captar los sonidos de la planta baja.

Como Hugo no terminaría de cenar tan rápido, caminó de puntillas y se escabulló dentro de la recámara principal.

El primer lugar al que apuntó Vania fue el cajón de la mesita de noche.

La habitación de Hugo era de estilo minimalista; casi no había lugares donde esconder cosas.

Buscó ese dichoso cómic por todos lados, incluso se asomó debajo de la cama.

Dio varias vueltas, sudando la gota gorda, pero no encontró ni rastro de él.

Vania estaba dando vueltas por la recámara, al borde de la desesperación.

Justo cuando se detuvo a pensar en dónde más podría haberlo escondido Hugo...

El hombre ya llevaba rato recargado en el marco de la puerta, disfrutando del espectáculo.

No había hecho ningún ruido, simplemente observaba a Vania con sus ojos oscuros y profundos.

Viendo cómo se escabullía como un ratoncito escurridizo, provocando ruiditos al moverse.

—¿Buscas tu cómic?

—Dámelo.

Vania estiró la mano para arrebatárselo.

Hugo giró ligeramente el torso, esquivando el movimiento sin ningún esfuerzo.

Pero Vania había puesto demasiada fuerza en el impulso y casi se va de bruces.

Hugo la sujetó del cuello de la blusa y tiró de ella hacia atrás para evitar que cayera.

Entre jaloneos, Vania terminó atrapada en un abrazo apretado contra el pecho de él.

La fuerza de Hugo era demasiada; le fue imposible soltarse.

Él bajó la mirada para observar a la mujer que tenía entre sus brazos.

Sus labios se curvaron en una sonrisa perversa.

—Al dibujarme en esas posiciones, ¿exactamente qué estabas imaginando?

Vania sintió que se abría la tierra bajo sus pies.

Lo había leído, y sabía perfectamente que el protagonista era él.

—¿Q-quién te dibujó a ti? Yo no lo dibujé.

Mientras se aferrara a esa mentira, él no tendría pruebas.

Bajo esa mirada intensa de Hugo, Vania deseó que el suelo se abriera y la tragara entera.

Pero el hombre era cruel y no le permitía apartar la vista.

—Señora Yáñez, si tiene tanta energía para estar fantaseando sola en papel, ¿por qué no pasamos a la acción en la vida real, mhm?

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