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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 374

Ricardo lo fulminó con la mirada:

—Si Cristina no hubiera venido a buscarme personalmente, jamás habría firmado un trato con Corporativo Alba.

El mensaje era claro: no le debía ningún respeto a Hugo Yáñez.

—Vengo a recuperar a Cristina. Los Yáñez no pueden pretender que se quede sola y amargada para el resto de su vida siendo tan joven.

Hugo le dio un sorbo tranquilo a su copa. Frente al sermón agresivo de Ricardo, solo respondió con frialdad:

—Haga lo que quiera.

Su actitud dejaba en evidencia que Ricardo Zarate no era más que un cero a la izquierda para él.

Ricardo sintió que la sangre le hervía y se llevó una mano al pecho.

Hugo frunció el ceño. Solo le había dicho una frase. ¿Qué clase de teatro pretendía armar el genio en un evento de esa magnitud?

—Hugo... Hugo Yáñez...

Ricardo buscó desesperadamente con la mirada a Cristina, como pidiéndole auxilio.

De pronto, Ricardo se desplomó en el suelo. Hugo comprendió de golpe que no era una actuación.

Justo cuando sacaba el celular para pedir ayuda, una voz que conocía muy bien resonó a su lado:

—¡Señor, si siente dolor, muerda mi mano, no se aguante!

Vania había corrido hacia ellos a la velocidad del rayo. Yago llegó pisándole los talones.

Yago no tenía la menor idea de que Vania supiera de emergencias médicas.

—¿Qué le pasa al señor Zarate?

Vania evaluó los síntomas en cuestión de segundos:

—Es un ataque de epilepsia.

Sin dudarlo, Yago apartó la mano de Vania y le metió su propio puño en la boca a Ricardo. El hombre apretó los dientes con una fuerza salvaje, pero Yago aguantó el dolor en silencio, sin soltar una sola queja.

Vania aplicó los primeros auxilios mientras pedía la ambulancia por teléfono.

A unos metros de distancia, Cristina seguía dando su apasionado discurso sobre el escenario. Había notado el alboroto, por supuesto, pero simplemente lo ignoró.

No fue hasta que el sonido de las sirenas se escuchó afuera que alguien volteó. Hasta ese momento, nadie de Corporativo Alba se había acercado a auxiliar a Ricardo.

Los paramédicos subieron a Ricardo a la camilla. Vania tomó la mano de Yago, que tenía unas marcas de dientes profundas y sangrantes, sintiéndose terriblemente culpable.

—Yago, tu mano está muy mal. Tienes que ir al hospital para que te curen, yo voy contigo.

Yago negó con la cabeza:

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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