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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 389

Hugo no quiso revisar el resto de la recámara de Vania.

Sabía que cualquier cosa que encontrara, seguramente ella lo había dejado ahí a propósito para que él lo viera. Ya no le interesaba seguirle el juego ni lidiar con sus trucos y manipulaciones.

Con pasos firmes, regresó a la habitación principal. Abrió un cajón cerrado con llave y sacó el acuerdo prenupcial que ambos habían firmado.

El documento estipulaba un acuerdo de divorcio que vencía a los cinco años. Tenerlo ahora frente a él le resultaba casi irónico.

Vania sabía que el tiempo se agotaba y que ya no había vuelta atrás, por eso estaba forzando los límites de su paciencia.

Pues bien, había decidido darle exactamente lo que pedía. No le dejaría ni siquiera los últimos meses que restaban del acuerdo.

Durante cinco años, ¿acaso no se la pasaba yéndose de la casa o fingiendo intentos de suicidio cada dos por tres?

Pero estos últimos seis meses habían sido el colmo. Ahora pretendía llamar su atención coqueteando con otros hombres y provocándole celos.

No le parecía una táctica original ni sorprendente; al contrario, le resultaba cada vez más patética.

Hugo tomó su teléfono y llamó a Sergio, ordenándole que fuera de inmediato a Villa Ébano.

Redactó un nuevo acuerdo de divorcio. Una vez que Sergio lo revisó y confirmó que todo estaba en orden, Hugo volvió a marcar el número de Vania.

Como era de esperarse, nadie contestó. Sin otra opción, le envió un mensaje de texto.

«Divorcio. Regresa a Villa Ébano. Tienes tres horas, no te esperaré ni un minuto más.»

Pensó que tendría que esperar una eternidad. Sus largos dedos se deslizaban impacientes sobre la lista de contactos.

Si en media hora no recibía respuesta, llamaría a Yago Leal para que le diera el recado a Vania.

Pero apenas le dio tiempo de encender un cigarrillo cuando sonó la notificación de un mensaje.

Hugo aplastó el cigarro con fuerza y lo lanzó. La colilla trazó un arco perfecto en el aire antes de caer directo en el basurero.

En la pantalla, la respuesta de Vania había sido inmediata.

«Llego enseguida.»

Hugo se quedó mirando la pantalla durante medio minuto hasta que la realidad lo golpeó.

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