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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 401

Mientras Cristina decía esas palabras, miró de reojo a Hugo. Él mantuvo una expresión indescifrable, sin la menor intención de refutarla o pedirle que cuidara sus palabras.

Ella sabía perfectamente que, sin importar la situación, Hugo siempre estaría de su lado.

Con esa certeza, su atrevimiento creció.

Adrián Mendoza, ignorando por completo la verdad, sentía una profunda admiración por Cristina.

—Escuché que también has publicado artículos en la Gaceta de Vanguardia Tecnológica —comentó Adrián con entusiasmo—. Los trabajos firmados bajo el seudónimo de Lily son todos tuyos, ¿cierto? Además, el mismísimo Ricardo Zarate te invitó personalmente a ser su discípula estrella.

Al escuchar a Adrián, Cristina se acomodó el cabello con un gesto de falsa modestia, ligeramente incómoda.

Solo le había mencionado ese detalle a Adrián exagerando un poco las cosas, jamás imaginó que él lo diría frente a todos.

Vania Zapata la miró con fingida sorpresa, pero enseguida una sonrisa cargada de desprecio se dibujó en sus labios.

¿Cristina era Lily?

Ese era, sin duda, el chiste más grande del siglo.

Casualmente, el próximo mes la Gaceta de Vanguardia Tecnológica entregaría su máximo galardón, el premio más prestigioso del mundo en su área. Le encantaría ver si Cristina recibiría una invitación para la gala.

O tal vez, el poder de Hugo era tan inmenso que podía manipular hasta a la Gaceta.

El director Yépez, por su parte, no mostró ningún interés en los halagos de Adrián. En realidad, Cristina ni siquiera pertenecía a su círculo.

Por ahora, Hugo no era alguien a quien él pudiera manejar fácilmente, pero la presencia de Cristina al menos garantizaba que el hombre no tuviera oportunidad de acercarse a Vania.

Por simple educación, Dante Yépez soltó un cumplido monótono.

—Vaya, no sabía que la señora Yáñez fuera tan talentosa.

Y con esa única frase, dio por terminado el tema.

Cristina esperaba que, tras la revelación de Adrián, el director Yépez la mirara con otros ojos.

Al ver su fría reacción, no pudo evitar sentirse decepcionada.

Pero pronto se consoló a sí misma.

Al fin y al cabo, Dante era un hombre del gobierno; no entendía el verdadero valor de los honores en el mundo empresarial.

Esa era la razón por la que nunca elegiría a alguien de ese sector como pareja. Demasiadas restricciones y una vida absurdamente aburrida.

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