Cristina dio un paso atrás, observando a la anciana con una sonrisa tétrica en los labios.
—¿Estás diciendo que...?
La voz de Doña Dolores temblaba. Cristina se llevó un dedo a los labios en señal de silencio, tomó su bolso y soltó:
—En la familia Yáñez solo hay lugar para Vania o para mí; usted decidirá qué le conviene más.
Sin agregar más, dio media vuelta y se largó sin mirar atrás.
Doña Dolores se quedó petrificada en la cama de hospital. Bajo sus cabellos blancos, sus labios temblaron al susurrar:
—César... no está muerto...
La anciana sacó su teléfono con la intención de llamar a su nieto mayor. Sostuvo el aparato por un largo rato, pero al final desechó la idea.
¿Quién en su sano juicio le creería?
Ni ella misma sabía dónde estaba.
Si iba con el chisme a Hugo diciendo que Cristina se lo había contado, ya sabía lo que iba a pasar.
Primero, no había forma de comprobar si era verdad. Y segundo, aunque lo fuera, Cristina lo negaría hasta la muerte y usaría eso para convencer a la familia de que la abuela padecía de demencia senil.
A Doña Dolores le dio un vuelco el corazón.
Esa mujer tenía un veneno letal en el alma.
Después de meditarlo con detenimiento, marcó el número de Miguel.
—Me enfermé, ¿y no le avisaste a Vania?
Miguel llevaba un buen tiempo sin visitar a la anciana. No se atrevía a asomarse por allí por miedo a que empezara a hacer preguntas, especialmente sabiendo que Vania y el jefe ya estaban en trámites de divorcio.
—Señora, hemos estado muy ocupados...
A Doña Dolores le dio una punzada en el pecho.
—Dile a Vania que no busque trabajo afuera; que se quede en Corporativo Alba. Al menos mientras yo siga respirando, la protegeré.
¿En qué está tan ocupada? Dile que esta vieja está enferma y que quiero que venga a verme a la casona; que traiga a Lunita, hace mucho que no las veo y ni siquiera se dignan a visitarme.
Miguel: —...
Poco después de regresar de la base, Vania recibió la llamada de Miguel informándole que la abuela estaba enferma y quería verla.
—Señora Yáñez, sería mejor que llevara a la niña. La abuela aún no sabe que usted y el señor Yáñez se van a divorciar; me temo que, dada su salud, la noticia podría ser demasiado para ella.
Vania se quedó pensativa.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Debería dejar algo para uno ver mas...
Buenas tardes soy de Venezuela me encanta INALCANZABLE MI ESPOSA YA NO ME AMA, LÁSTIMA QUE DAN MUY POCO CAPITULO DESBLOQUEADO NO DAN PARA UNO GANAR PUNTO O BONO, YA QUE AQUI NO SE PUEDE ACCEDER PARA VER O PAGAR LOS CAPITULO...
Muy buena novela por favor más capitulos desbloqueados.gracias...
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...