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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 423

Ahora, esa misma mujer trabajaba codo a codo con los ingenieros más brillantes del país, dominando la tecnología de punta con una seguridad deslumbrante. Hugo esbozó una media sonrisa. *Si ella fue capaz de llegar tan lejos, debo admitir que es fascinante.*

El nivel de Vania había superado por completo sus expectativas, y un destello de genuina admiración brilló en sus oscuros ojos. Sin embargo, Dante interrumpió de golpe sus pensamientos privados.

—Señor Yáñez, ¿qué le parecería si intento conquistar a la directora Zapata? —preguntó Dante, con un evidente tono de prueba.

A Hugo no le sorprendió en absoluto la pregunta, independientemente de las intenciones que Dante tuviera. Dante quería saber si Hugo también tenía interés en Vania. Era de conocimiento público que Hugo tenía a otra mujer en su vida, pero como hombre, el cambio de sentimientos era una posibilidad. Frente a una mujer tan talentosa y hermosa como Vania, ¿qué hombre en su sano juicio podría resistirse?

—Si a usted le gusta, adelante, director Yépez —respondió Hugo con voz plana, sin revelar la tormenta que llevaba por dentro.

Dante no detectó ni una gota de celos o instinto de posesión en su tono; de hecho, casi sonó como un incentivo.

—Pensé que usted sentiría lo mismo que yo al verla —comentó Dante, visiblemente sorprendido por la frialdad de su respuesta. Era hombre, al fin y al cabo, y le costaba creer que Hugo no sintiera el más mínimo impulso.

Hugo sonrió de medio lado.

—¿Sentir algo? Creo que se equivoca, director Yépez. Por la directora Zapata no siento... absolutamente nada —mintió arrastrando las palabras.

Lo que sentía por ella era puro deseo. El deseo ardiente y animal de acorralarla y devorarla en la cama hasta perder el aliento.

Dante, ajeno a la verdad, asumió que Hugo simplemente estaba reafirmando su lealtad hacia su supuesta esposa.

—Tiene razón. Después de todo, el señor Yáñez ya está casado, así que es obvio que ninguna otra mujer llamaría su atención.

Ese comentario prácticamente arrinconó a Hugo. Dante insinuaba que, si mostraba interés en Vania, sería catalogado como un mujeriego y una basura infiel. Hugo se limitó a arquear una ceja. En ese instante, Vania terminó su labor en la consola.

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