Vania supuso que Cherry, por miedo a esa persona, se negaba a decir la verdad.
—Cristina, en verdad, es alguien a quien temer.
Cuando Cherry se recuperó del impacto inicial, se dio cuenta de que no era casualidad que Cristina hubiera podido manipular a Vania durante tantos años; resultaba que esa mujer frente a ella era tan astuta que había descubierto hasta sus secretos más ocultos.
Vania se quedó pensativa. Hugo había acompañado a Cristina en todo momento hasta llegar aquí. Seguramente, toda la información que Cristina manejaba provenía de la inmensa red de contactos de Hugo.
Antes se preguntaba por qué Hugo y Cristina se habían atrevido a presentarse con tanta arrogancia en la ceremonia de premiación.
Al parecer, Hugo ya tenía a Cherry como su as bajo la manga desde hacía mucho tiempo.
Pero Cristina se había pasado de lista; su propia capacidad no daba la talla para mantener la fachada de Lily.
Estar en una posición de poder sin tener el talento para respaldarla es lo más peligroso de este mundo.
Una determinación inefable brilló en los ojos de Cherry.
—Directora Zapata, no se preocupe, jamás la traicionaré.
En esta vida, no volvería a ser el ave enjaulada de nadie. Ni mucho menos una marioneta controlada.
Por alguna razón, Vania sintió que Cherry se parecía bastante a ella.
—¿Necesitas ayuda? —preguntó Vania con sinceridad.
Cherry aspiró profundo, y el pánico que rara vez mostraba en sus ojos comenzó a disiparse.
—Mientras pise el suelo de nuestro país, él no podrá tocarme. No le tengo miedo.
El trato de Vania hacia Cherry no era para nada la típica frialdad entre jefa y empleada.
Además de Nati, Cherry era prácticamente su mano derecha.
—De acuerdo, haré lo posible por protegerte. Si pasa cualquier cosa, dímelo de inmediato.
La noticia sobre Cristina estalló como una bomba en el extranjero. En el país, la información apenas empezaba a asomar cuando fue eliminada en cuestión de segundos.
Sin embargo, a nivel internacional era imposible de ocultar.


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