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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 447

El Profesor Zavala estaba tan maravillado con un modelo de cabello plateado que no dejaba de hablarle, interactuando como si fuera una persona real.

Sus estudiantes lo observaban desde atrás, tapándose la boca para no reírse al ver a su mentor convertido en un niño con juguete nuevo.

Cuando por fin se dio cuenta de que todos lo miraban, el profesor se giró con una sonrisa enorme.

—¡Este me lo quedo yo! Está prohibido que lo saquen al mercado, ¿eh?

Vania sonrió con ternura, pero no dijo nada.

En realidad, ese modelo en particular había sido diseñado exclusivamente para él.

Tomás Zavala era un hombre que pasaba de los cincuenta. Se había casado joven con el amor de su vida, y ambos decidieron no tener hijos para dedicarse el uno al otro. Sin embargo, tres años atrás, una enfermedad fulminante se llevó a su esposa.

El golpe lo había devastado, dejándolo atrapado en una profunda depresión de la que apenas empezaba a salir.

Vania había considerado usar fotografías de su difunta esposa para que el robot fuera una réplica exacta, pero temió que el impacto emocional fuera demasiado cruel.

Al tratarse de tecnología en fase beta, existía el riesgo de fallas. Si el sistema colapsaba, el profesor reviviría el trauma de perder a la mujer que amaba por segunda vez.

Tras probar los diferentes prototipos en el estudio, todos quedaron boquiabiertos con la genialidad de Vania. La fluidez de las conversaciones y la empatía de los robots eran algo nunca antes visto en la industria tecnológica.

Pero nadie estaba más conmovido que el profesor Zavala. Aunque el modelo plateado no se parecía físicamente a su esposa, las inflexiones de la voz, el sentido del humor y la manera de responder eran un tributo perfecto a la mujer de sus recuerdos.

Y por eso se había negado a despegarse de él.

—Profesor Zavala, ¿cree que podría presentarme formalmente con la jefa?...

Junto al profesor, un muchacho delgado, vestido con una camisa blanca impecable, no le quitaba los ojos de encima a Vania.

A pesar de su avanzado embarazo, el rostro luminoso de Vania, sus ojos brillantes y la pasión con la que explicaba su obra lo habían dejado deslumbrado.

Zavala soltó una carcajada.

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