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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 470

Cristina no cabía en sí de la alegría.

Inmediatamente llamó a Vanessa para ordenarle al mayordomo de la familia Yáñez que buscara la caja fuerte en su habitación y la enviara directamente a Villa Ébano.

Ella había guardado todo este tiempo el acta de matrimonio de Vania y Hugo.

Sin hacer ningún ruido, volvió a colocar el acta de divorcio exactamente en el mismo lugar, fingiendo que nunca la había visto.

De camino a la empresa, Hugo recibió una llamada de Cristina.

—Hugo, aún tengo su acta de matrimonio. No tengo ganas de seguir guardándosela, así que tú dirás qué quieres que haga con ella.

Hugo lo pensó un instante, miró a Miguel y, tras intercambiar unas cuantas palabras con Cristina, colgó.

—Regresaré a la empresa. Tú, ve a Villa Ébano, recoge mi acta de matrimonio y llévala a casa de los Leal. Y de paso, pregúntale cuándo piensa volver.

—¿Qué? —exclamó Miguel, estupefacto—.

—¿A dónde se supone que regrese la señora? Si la señora Cristina ya se instaló.

Hugo se recostó contra el asiento del auto con la mirada vacía.

—A ella siempre le gustó la Villa de la Colina; es un lugar tranquilo. Me mudaré allí con ella.

Miguel enmudeció.

Por un momento pensó que su jefe, al llevar a Cristina a Villa Ébano, planeaba convencer a Vania de volver para que ambas vivieran juntas bajo el mismo techo.

Menos mal que el señor Yáñez aún no había perdido la cabeza hasta ese punto.

—¿Y si la señora no quiere volver?

Vania ya no era la misma de antes, ¿acaso su jefe no se había dado cuenta?

—Dile que las autoridades vendrán a investigar nuestro matrimonio y que necesito que colabore durante unos meses. Una vez que hayamos pasado por esto, podrá irse a donde quiera, no la detendré. También le regalaré la Villa de la Colina; no dejaré que salga perdiendo.

—...

Miguel no compartía en absoluto el optimismo de Hugo.

Era cierto que durante los últimos cinco años, Vania parecía que el mundo se le venía encima si se alejaba tres metros del señor Yáñez. Pero ahora había tomado la decisión de marcharse por su cuenta; ¿acaso su jefe creía que, con solo enviarle una vieja acta de matrimonio, ella correría a sus brazos?

Sergio le había confesado que ya estaban oficialmente divorciados. Si doña Dolores Yáñez se enteraba, le daría un infarto del puro coraje.

Miguel se dirigió a la mansión de los Leal con el acta de matrimonio en la mano.

El mayordomo de la familia le abrió la puerta. Miguel intentó asomarse, pero no vio ni rastro de Vania.

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