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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 58

—Este caldo es excelente para la salud. Hugo, ya llevan cinco años casados y solo han tenido a Lunita. ¿Cuándo me van a dar otro bisnieto para que la familia esté completa?

En cuanto la abuela soltó eso, la cara de todos en la mesa cambió de color.

Especialmente la de Cristina.

Ella creía que, habiendo dado a luz a Xavier, la abuela lo consideraría el único bisnieto y heredero de la familia.

Nunca se imaginó esto...

Un sirviente colocó otro tazón de un tónico fortalecedor frente a Vania.

La abuela continuó:

—Por supuesto, para tener energía, esto es trabajo de dos. Hugo, Vania, cómanlo mientras está caliente, hará más efecto.

Sonia, llevada por quién sabe qué instinto de protección, no pudo contenerse.

—Abuela, Hugo ahora carga solo con todas las responsabilidades de la empresa, no tiene cabeza para pensar en esas cosas. Ya tenemos a Xavier. Mientras Hugo siga manejando bien los negocios y críe a Xavier como es debido, la familia Yáñez tiene el futuro asegurado.

La abuela la miró con severidad; ese comentario no le había hecho ninguna gracia.

—Nuestra familia tiene negocios inmensos. Vania es joven. ¿Qué tiene de malo que tenga más hijos con Hugo? No es como si no pudiéramos mantenerlos. Tú misma dices que él es el único hombre a cargo y tiene mucha responsabilidad. Si Hugo pone de su parte y me da más bisnietos, en el futuro todo el peso de la familia no recaerá solo sobre los hombros de Xavier.

Debajo de la mesa, Cristina apretó los puños con tanta fuerza que se clavó las uñas en la palma hasta lastimarse.

El rostro de Vania estaba rojo como un tomate, mientras Hugo simplemente levantó su copa, tomó un sorbo de vino y no mostró la menor intención de contradecir a su abuela.

Cristina se mordió el labio inferior mientras una fina capa de lágrimas empezaba a nublarle la vista.

Ella creía que Hugo al menos diría algo para rechazar la propuesta, pero él simplemente calló, aceptándolo.

—Abuela, ya tengo a Lunita. No planeo tener más.

La declaración de Vania dejó a todos boquiabiertos. Pero la cara que más se descompuso no fue la de la abuela, sino la de Hugo.

Él clavó sus ojos en Vania, quien ni siquiera se daba cuenta de que estaba cavando su propia tumba.

Julián, que observaba desde un lado, sintió un extraño alivio y aprovechó para intervenir.

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