Hugo apoyó las manos en el suelo justo cuando su rostro estaba a punto de tocarlo, y de un salto se puso de pie.
Faltó muy poco para que cayera de bruces al suelo.
Hugo miró con indiferencia a la mujercita a la que no había prestado verdadera atención en cinco años.
Vania, como una guerrera, protegió a Lunita con su propio cuerpo.
Con una postura que dejaba claro que estaba dispuesta a matar a quien se atreviera a tocarle un solo pelo a su hija.
Los ojos de Hugo destilaban furia y también un rastro de asombro.
Confiaba plenamente en sus habilidades; nadie podía tomarlo por sorpresa tan fácilmente, y mucho menos una mujer como Vania.
Si sus subordinados en Sudamérica hubieran presenciado la escena, se habrían reído a carcajadas.
En diez años nadie había logrado acercarse tanto a él, pero Vania casi lo deja en completo ridículo.
Una vez que Hugo recuperó el equilibrio, su rostro se ensombreció aún más.
Sonia Salazar estuvo a punto de gritar.
—Vania, ¿qué demonios intentas hacer? ¿No te parece suficiente la vergüenza que le has hecho pasar a la familia Yáñez?
¿Cómo se atrevía Vania a levantarle la mano a su preciado hijo?
Hacía mucho tiempo que Sonia deseaba deshacerse de Vania, la hija de una familia arruinada. Para ella, Cristina Figueroa era la candidata perfecta a nuera.
La abuela Yáñez, sentada en su lugar, observaba la escena con evidente interés. Vaya, su nieto siempre había sido tan orgulloso que no permitía que nadie lo ofendiera, y hoy su nieta política había dado la cara frente a todos los miembros de la Élite del Norte que no se atrevían a provocar al arrogante Hugo.
—Tranquila, nuera. Son solo juegos de pareja entre Vania y Hugo, no hay necesidad de hacer un drama de esto —dijo la abuela.
Era raro ver a esta nieta política defenderse. Al ver la cara amargada de su nieto, incapaz de hacer algo al respecto, la abuela Yáñez casi se echó a reír.
Ese muchacho insolente y caprichoso por fin había encontrado la horma de su zapato.
Y pensar que era Vania, a quien siempre había considerado demasiado pasiva. Este giro de los acontecimientos le daba a la anciana la satisfacción de estar viendo una telenovela en vivo; apenas se contuvo de aplaudir.
Sonia fue silenciada por las palabras ligeras de la anciana, tragándose todos los regaños que ya tenía preparados para Vania.

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