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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 661

—Si se quiere morir, váyase a hacerlo a su casa, pero no venga a causar problemas al hospital. Aquí tenemos cámaras de seguridad; si intenta demandarnos por negligencia médica, no le servirá de nada.

Hugo, conteniendo la rabia, apartó las manos del vendaje.

Al ver a la enfermera marcharse furiosa, su mirada se ensombreció de golpe.

¿Qué demonios estaba haciendo? La frustración por la actitud de Vania le había nublado el juicio, llevándolo a intentar lastimarse a sí mismo.

Qué estupidez.

Por su parte, Vania se despertó antes de que amaneciera.

Desde que se habían llevado al pequeño Dave, apenas logró dormir un par de horas, acosada por pesadillas constantes cuyos detalles ni siquiera quería recordar.

Nadie en el grupo había logrado pegar el ojo.

Si insistían en que Vania tratara de descansar, era principalmente por el temor a que el secuestro del niño le provocara un colapso mental.

Sobre todo después de que Yago les explicara a sus padres los conflictos que conocía del matrimonio entre Vania y Hugo, y las cosas que ella había tenido que soportar. Los Leal concluyeron que Vania padecía de un estrés postraumático severo.

Para evitar que un nuevo trauma la empujara a cometer una locura, procuraban mantenerla lo más relajada posible, ofreciéndole constante apoyo emocional.

Cuando Vania abrió la puerta de su habitación, encontró a todos sentados en la sala de la suite.

En comparación con ella, el semblante de los demás no era mucho mejor.

El tiempo que Vania durmió fue el mismo tiempo que pasó sumida en pesadillas. Esa falta de descanso le había dejado unas ojeras muy marcadas.

Quedaba claro que esa noche nadie había hallado consuelo.

—Madrina, ¿ha llamado Julia?

Lo primero que hizo Vania al ver a la señora Leal fue preguntar por su hijo.

El señor y la señora Leal no le quitaban los ojos de encima al celular, esperando que sonara.

La señora Leal negó con la cabeza.

—Todavía no. No te angusties demasiado. Si Julia quiere dinero y quiere salirse con la suya, tendrá que planearlo muy bien. No nos llamará tan rápido. El único motivo para llevarse a Dave es la pura avaricia; estoy segura de que no le hará ningún daño.

Cualquiera podía notar que las palabras de la señora Leal carecían de garantías; eran un simple intento de consuelo.

Mientras Julia no llamara para exponer sus exigencias, y mientras no escucharan de primera mano que el pequeño Dave seguía con vida, era imposible no sentir el miedo calando en los huesos.

Era muy probable que, en ese momento, Julia también estuviera lidiando con sus propios demonios.

Por un lado, la desesperación por el dinero; por el otro, el pánico a ser descubierta.

Nadie sabía exactamente cuáles eran sus planes ni cuál sería su próximo movimiento.

En el hotel, la atmósfera era tan tensa que se podía cortar con un cuchillo.

Yara sugirió llamar a la policía, pero la idea fue rápidamente descartada.

La señora Leal también lo había considerado, pero al poner en la balanza la seguridad del bebé, prefirió no arriesgarse a dar ese paso.

No sabía mucho sobre la vida de Julia ni sobre la situación real de su familia.

Tras pensarlo un momento, la señora Leal propuso algo:

—Llamaré a la familia de Julia en el pueblo, a ver si pueden averiguar algo.

Vania no albergaba muchas esperanzas.

Era probable que esto no fuera un impulso del momento de Julia. Si estaba planeado, su familia bien podría estar involucrada.

Sin embargo, en ese instante, Hugo regresó del exterior y escuchó la propuesta.

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