Las palabras de Sumner superaron las expectativas de Roxana.
Ella pensaba que si Darío había llevado a Dulce hasta allí, era porque conocía a alguien de adentro. Sin embargo, el líder del lugar resultó ser un criminal despiadado. Conociendo el carácter de Darío, era imposible que se juntara con gente así.
Entonces, ¿por qué fue allí?
A Valeriano también le pareció extraño.
—¿Hace cuánto tiempo se formó esta ciudad subterránea? Recuerdo que la última vez que vine, esto no existía.
—Apareció en los años que no estuviste —explicó Sumner—. El Perro Rabioso es un hombre extremadamente violento, pelea como si no le importara perder la vida, así que muchos le tienen pánico. Eso fue lo que le permitió expandirse hasta ser lo que es hoy.
—¿Y tú por qué no interviniste?
Al escuchar la pregunta de Valeriano, Sumner no pudo evitar reír.
—Las ganancias de un lugar como ese son limitadas, no vale la pena desperdiciar mi tiempo. Con ese mismo tiempo, es mejor hacer negocios más rentables, ¿no crees?
Valeriano asintió con la cabeza, dándole la razón.
—Cierto. Bahía Coral es bastante grande, así que, aunque esa ciudad subterránea atraiga a todos los matones, no representa una amenaza para ti.
Sumner se encogió de hombros y luego preguntó:
—Entonces, ¿por qué vinieron desde el centro de la ciudad para buscar a alguien del inframundo?
—El hermano de mi prometida entró anoche a la ciudad subterránea y todavía no ha salido, así que vinimos a ver qué pasa. Pero debido a las reglas de ese lugar, necesitamos que un local nos presente para poder ingresar.
La mirada de Sumner se dirigió hacia Roxana, con un brillo profundo y calculador.
Esa era su forma habitual de observar a la gente, capaz de capturar con precisión las fluctuaciones emocionales más sutiles.
Roxana aceptó su escrutinio con total naturalidad, y su voz sonó tranquila e indiferente.
—Así es. Originalmente, planeaba pedirle al señor Fisher que nos ayudara con la recomendación, pero ahora veo que ese plan no funcionará.
A juzgar por la mirada de la chica, Sumner supo que no estaba mintiendo.
—Señorita Soler, no sé a qué se dedica su familia, pero ¿por qué iría su hermano a la ciudad subterránea?
Roxana lo miró a los ojos con la misma serenidad.
—No conozco los detalles, por eso necesito ir a buscarlo. Pero no dejaré que el señor Fisher nos ayude de gratis. Si tiene alguna petición, puede decirla con total confianza.

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