Los empleados, como si estuvieran acostumbrados a ese tipo de castigos desde hacía mucho tiempo, asintieron sin alterar el semblante.
—¿Averiguaste lo que te pedí sobre los demás?
—Sí, pero todos afirman que Roxana no se ha movido de aquí. Incluso Wendy Beltrán, que estuvo a solas con ella, juró y perjuró que ambas estuvieron juntas en la sala de descanso poniéndose mascarillas de belleza.
—Wendy.
El Conde Aris repitió el nombre, y luego esbozó una sonrisa fría en la comisura de sus labios.
—A esa malagradecida que muerde la mano que le da de comer, elimínala también.
***
—Roxana, ¿vino a verte? ¿Qué te dijo?
Tras recibir la noticia de que el Conde Aris había aparecido en la fiesta del té, Valeriano se dio cuenta de que algo andaba mal y se apresuró a llevar al Príncipe Zachary hasta allí.
Pero no esperaba llegar un paso tarde.
Para cuando llegaron, el Conde Aris ya se había ido.
—Estoy bien, solo hablamos en privado de un par de cosas. Hay demasiada gente aquí, no podía hacerme nada.
Valeriano sabía que ella solo intentaba tranquilizarlo, pero en el fondo sentía una tensión indescriptible.
Como si algo muy malo estuviera a punto de ocurrir.
—¿Qué te pasa? —Roxana notó que su semblante no era el mejor y pensó que había recibido malas noticias, así que insistió—: ¿Sucedió algo?
Valeriano negó con la cabeza.
—No, solo me preocupa que haya un cambio de planes.
Roxana sonrió con dulzura.
—No pasa nada. Si los planes cambian, nos adaptamos.
—Roxana, mi tío Aris casi nunca asiste a las fiestas de té por la tarde. ¿Hiciste algo para llamar su atención?
El Príncipe Zachary esperó a que ambos se calmaran un poco antes de preguntar.
Roxana asintió.

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