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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 1226

—¿Y se hace llamar gran doctora? No es la gran cosa.

Sus palabras provocaron de inmediato el ceño fruncido tanto de Zachary como de Charlie.

Esta vez Zachary no dijo nada, pero Charlie no se contuvo.

—Romy, si no puedes mantener la boca cerrada, no me importaría ayudarte a cerrarla.

Al oírlo, Romy se tapó la boca y retrocedió de prisa.

El Príncipe Charlie no era como Zachary; a él sí le tenía pánico.

—¡Ghhh!

De repente, el Rey pareció sufrir un espasmo. Abrió bruscamente los ojos, pero su mirada estaba desenfocada.

Su cuerpo se tensó al extremo, como si alguien lo estuviera asfixiando.

—¡Padre!

Zachary y Charlie corrieron hacia la cama, llamándolo.

Con el cuello rígido, el Rey los miró y apenas logró articular:

—Me duele...

El Conde Aris también se apresuró, exclamando con falsa devoción:

—Hermano, dime dónde te duele, dime.

Cuando el Rey vio al Conde, sus ojos cansados se abrieron de par en par. Quiso añadir algo, pero antes de que pudiera hacerlo, volvió a perder el conocimiento.

La máquina, que hasta entonces permanecía en silencio, comenzó a emitir una alarma frenética e irregular.

Los doctores que estaban a un lado percibieron el peligro y se precipitaron como una avalancha hacia la cama.

Al ver el caos desatado, Romy, que había estado acobardada un momento antes, señaló a Roxana de inmediato.

—¡¿Qué le hiciste?! ¡¿Por qué Su Majestad, que estaba mejorando, se desmayó de nuevo y las máquinas suenan como locas?!

Todas las miradas se posaron sobre Roxana.

Roxana mantenía un semblante impasible, como si la conmoción no tuviera nada que ver con ella.

—El Rey está bien. Su cuerpo se estabilizará por sí solo en un rato.

Fingiendo extrema preocupación, el Conde Aris les exigió a los doctores:

—¡Rápido, examínenlo! ¡Averigüen si lo que dice la Doctora Serena es cierto!

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