Era Sonia.
Roxana soltó el bolígrafo y contestó la llamada.
—Hola, Sonia. ¿Pasa algo?
Sonia temía que, al estar en la universidad, Roxana no tuviera tiempo para contestar. Al ver que respondió tan rápido, sonrió de inmediato.
—Roxana, seré breve. ¿Recuerdas que ya acordamos con el rector que la última ronda del Concurso de Música Dorada se celebrará en la universidad?
»Justo ahora que estás ahí, hablé con el profesor Ezequiel y creemos que lo mejor sería que tú seas jueza en esa última ronda.
»Al fin y al cabo, este concurso se organizó por ti, y desde que ganaste el premio internacional no has vuelto a presentarte. Además, todavía no hemos recibido ninguna obra que destaque de verdad. Necesitamos que aparezcas como jueza para darle un poco más de visibilidad al evento.
»Si la popularidad sigue bajando, temo que para el próximo concurso no logremos atraer a nuevos talentos.
Roxana lo pensó un par de segundos.
Al imaginar los problemas que traería revelar esa identidad secreta, se negó con frialdad.
—No. Ahora mismo soy solo una estudiante de la Universidad del Sur, no me conviene ser jueza.
Su rechazo era algo que Sonia ya esperaba.
—Está bien, no te voy a obligar, pero recuerda entregar la nueva composición este mes. El festival internacional de música está a la vuelta de la esquina. Si no presentas nada pronto, me temo que todos se van a olvidar de ti.
—Mhm —asintió Roxana, aunque su mano no dejó de dibujar y corregir los trazos ni por un segundo.
Al notar su tono desinteresado, Sonia volvió a insistir.
—¡No te lo tomes a la ligera! La fecha para el Concurso de Música Dorada ya está fijada, será el próximo martes. ¡Ese día iré personalmente a buscar tus composiciones!
—De acuerdo. —Roxana dio el último toque a su dibujo y luego le envió el diseño a un contacto llamado «L».
En realidad, L era Paula Rossi, pero le daba pereza cambiarle el apodo.
Poco después, ella le respondió con un emoji de confirmación y un mensaje.
[Alguien quiere comprar «Azul Profundo». ¿Lo vendes?]
«Azul Profundo» era la obra maestra que lanzó a la fama a Roxana, y de la que se sentía más orgullosa. Por el momento, no tenía ninguna intención de venderla.
[No se vende.]
[Entendido, rechazaré la oferta.]
Era la hora pico del almuerzo. Al principio no quería meterse en medio de tanto estudiante, pero como Don Abelardo había programado una reunión en media hora, no le quedó más remedio que entrar.
Para su sorpresa, la cafetería, que normalmente estaría a reventar, solo tenía unos cuantos estudiantes esparcidos por ahí.
—¿Qué pasa aquí? ¿Por qué hay tan poca gente hoy? —murmuró confundido.
Una de las empleadas que servía la comida se echó a reír al ver su cara de desconcierto.
—Director, no es que haya poca gente, es que los muchachos ya comieron rápido y se fueron corriendo a la biblioteca a estudiar.
El director quedó atónito.
—¿Estás segura? ¿Todos se fueron a la biblioteca?
La competencia por entrar a la Academia de Élite siempre había sido feroz, pero nunca había visto a estos estudiantes esforzarse de manera tan desesperada.
¿Qué los había estimulado de repente?
—No sé si todos, pero los que vinieron hace un rato ya se fueron. Si los hubiera visto... ¡Comían a la velocidad de la luz!
Otra empleada se metió en la conversación.

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