Roxana reconoció la voz de Alcira Maldonado y giró la cabeza, fastidiada.
Alcira seguía con su habitual estilo de "niña buena y frágil", pero claramente no sabía combinarlo. Llevaba puesto un collar de rubíes enorme y escandaloso que arruinaba todo el conjunto.
A simple vista, parecía una nueva rica sin una pizca de elegancia.
Con solo un vistazo, Roxana reconoció el diseño de Brisa Marina, la competencia directa de Maison Milán.
Brisa Marina se destacaba por usar joyas enormes para llamar la atención, pero sus piezas carecían de estética y, peor aún, abarataban la imagen de quien las usaba.
Aunque, siendo justos, Alcira nunca había tenido mucha clase.
—Si me quedé en Puerto Esperanza, ¿no crees que es por tu culpa? —respondió Roxana con tono indiferente.
Alcira frunció el ceño por instinto. No quería tener nada que ver con esa sirvienta miserable.
—¿Y a mí qué me importa eso?
—Exacto —se encogió de hombros Roxana—. ¿Y a ti qué te importa?
Con su escasa inteligencia, Alcira tardó varios segundos en entender la indirecta y elevó la voz.
—¡Roxana, tú...!
—No te metas en mis asuntos —la interrumpió Roxana mirándola de reojo—. Más bien, fíjate en ti. Hace unos días que no te veo y tu sentido de la moda ha empeorado bastante. ¿Será que la familia Maldonado está tan mal de dinero que solo te pueden comprar joyas tan corrientes y vulgares?
No lo decía por decir. Sabía muy bien que, con las tácticas de Julián, la situación económica de los Maldonado y los Mota debía estar pendiendo de un hilo.
Y tenía razón. La sonrisa arrogante de Alcira se congeló y la fulminó con la mirada, como si quisiera prenderle fuego.
¿Cómo sabía que su familia estaba en problemas?
Esos últimos días, sus padres no habían dejado de quejarse porque un cliente importantísimo estaba a punto de cancelar un pedido millonario.
Conociendo el egoísmo de Ricardo Maldonado, el hecho de que Alcira estuviera sola en El Mirador a esa hora no presagiaba nada bueno.
—Sí, la verdad prefiero eso —respondió Roxana con la misma indiferencia.
Al ver que no caía en la trampa, Alcira sintió cómo la ira comenzaba a subirle por la garganta, pero intentó seguir manipulándola.
—Hermana, mírate. Te apuesto a que esas niñas ricas te echaron a la calle, ¿verdad? ¿Todavía no entiendes que, por tu cuenta, jamás vas a tener la vida de lujos que tengo yo?
»Mira, te ofrezco una oportunidad para redimirte. Si haces lo que te pido, te juro que convenceré a mis padres de que te acepten de vuelta para que vuelvas a ser la señorita de la casa. Incluso le pediré a Cristián que te busque un buen marido para que no te falte nada. ¿No te parece una propuesta mucho mejor que andar rogándoles favores a distintos hombres? ¿De verdad no te interesa?
¡Era imposible que Roxana rechazara algo tan bueno!
Hablaba con tanta seguridad que Roxana la miró como si fuera una payasa haciendo el ridículo.
—Alcira, ¿cuánta agua tienes en el cerebro para decir tantas estupideces? Claro, con tu intelecto, tus únicas opciones en la vida son depender de tus padres o de un hombre.

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