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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 146

Roxana ya no soportaba el tufo a hipocresía de Alcira. Estaba perdiendo la paciencia.

—¿Ah, sí? —Darío fingió interés, mirándola con una media sonrisa—. ¿Qué mal camino tomó? Cuéntame más.

Al ver que él parecía dispuesto a reprender a Roxana, Alcira se animó.

—Mire, usted no lo sabe, pero mi hermana siempre fue la consentida de mis padres. Cuando se fue de la casa, no aguantó la vida dura. Mis padres, pensando en su bien, intentaron que se reuniera con su familia biológica para que crearan lazos, pero al poco tiempo regresó a escondidas y se unió con gente de fuera para vengarse de mi mamá y de mí...

Hizo una pausa dramática para evaluar la reacción de Darío.

Al notar que su expresión se volvía más seria, creyó que le estaba creyendo y continuó soltando su veneno.

—Y eso no es todo. Hace unos días, la vi con mis propios ojos aquí mismo reuniéndose con un viejo canoso y subiéndose a su auto. Como me la encontré hoy, quise aconsejarle que no cometiera más errores. Estaba dispuesta a rogarles a mis padres que la aceptaran de vuelta en casa, pero no quiso escucharme. En lugar de arrepentirse, se alió con el gerente para echarme a la calle.

Alcira se tapó la cara, fingiendo estar a punto de llorar. Su expresión era de puro sufrimiento.

—Yo... yo de verdad no sabía qué hacer. Perdí la cabeza y le dije cosas feas, espero que pueda disculparme por haber hablado de más.

Ese era su truco maestro de manipulación. Así fue como le había robado a Cristián a Roxana.

Estaba segurísima de que, con esa historia, el Dueño Darío la vería con otros ojos.

Roxana, viendo su patético teatro, sintió una oleada de desprecio en sus fríos ojos.

Pero se mantuvo callada.

Quería ver si Darío era tan estúpido como para creerle.

Darío, por su parte, no sabía que Roxana lo estaba poniendo a prueba. Él ya estaba al tanto de todas las porquerías que había hecho la familia Maldonado.

Ver a Alcira actuando como una víctima indefensa le causó una repulsión física. Perdió las ganas de seguir el juego y soltó un bufido helado.

—Deja de hacer esas caras. Ser fea no es tu culpa, pero salir a asustar a la gente sí lo es.

Alcira sintió como si le hubiera caído un rayo. La mano con la que fingía secarse las lágrimas se quedó paralizada en el aire.

Un brillo de diversión iluminó los hermosos ojos de Roxana, como estrellas en la noche.

Bueno, al menos su hermano no era tan tonto.

Alcira por fin entendió que Darío solo se estaba burlando de ella. Lanzó una mirada llena de odio hacia Roxana.

¡Esos dos definitivamente estaban confabulados!

Antes de que pudiera gritarle a Roxana, los guardias de seguridad se le acercaron y su rostro palideció de terror.

—¡No se acerquen... no me toquen! ¡Se los advierto, no solo soy una Maldonado, también soy la futura nuera de los Mota! ¡Si me ponen un dedo encima, lo van a lamentar!

Pero sus amenazas fueron inútiles.

Los guardias la agarraron de los brazos y, por más que pataleara, no pudo soltarse. Estaban a punto de tirarla a la calle cuando una voz tronó:

—¡Suéltenla! ¿Acaso ya se cansaron de vivir? ¡Se atreven a tocar a mi mujer! ¡Si no la sueltan, les rompo las piernas ahora mismo!

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