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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 196

Al ver la sonrisa amigable de Ezequiel, Don Abelardo empezó a insultarlo de inmediato.

—¡Pedazo de animal! ¿A qué viene esa estúpida sonrisa? ¿Crees que la muchacha te va a admirar más solo porque estás sonriendo como si fueras una flor?

El director de la facultad, que estaba justo a su lado, pensó que el insulto iba dirigido a él y se apresuró a explicarse:

—Don Abelardo, no es que no haya querido defender a la señorita Roxana hace un momento, es que esa mujer, Lidia, tiene la lengua muy suelta y...

Don Abelardo, que seguía conteniendo su furia, al ver que el hombre se interponía, desató su ira contra él.

—Ah, ahora vienes a disculparte conmigo, ¿pero hace un momento no supiste cómo frenarla? Siendo un hombre hecho y derecho, ¿ni siquiera puedes callar a una mujer chismosa? ¡Qué vergüenza! Vete a tu oficina y cópiame el diccionario diez veces. Si vuelves a acobardarte en una discusión, ¡te mandaré de guardia de seguridad a la puerta principal!

El director sintió que se ahogaba en su miseria. Si hubiera sabido lo que iba a pasar, habría pedido el día libre. ¿Qué necesidad tenía de venir a ser juez?

Como la discusión no fue en voz alta, casi nadie les prestó atención.

La atención de todos estaba centrada en la legendaria figura musical de Ezequiel. Al escucharlo llamar con tanto afecto a Roxana, todos cambiaron de color.

Yara Soler sintió que le arrojaban un balde de agua helada en la cabeza.

«No... no puede ser...»

¿Cómo un hombre tan importante conocía a Roxana?

¿Y por qué le hablaba con tanto cariño?

—C-cómo puede ser... —tartamudeó Lidia, con los labios temblorosos. No podía creerlo.

¡Esta Roxana era un auténtico demonio!

¿Por qué todas las grandes personalidades la conocían y además mantenían una relación excelente con ella?

Roxana, ignorando por completo la sorpresa general, le preguntó directamente a Ezequiel:

—Hoy participé en un examen en la Universidad del Sur y toqué *El Manantial de las Nubes*. Algunas personas creen que le falté al respeto al modificar la partitura sin autorización, y dudan de que hayamos compuesto esta pieza juntos. Así que...

—¡¿Quiénes son esos ignorantes que se atreven a dudar de ti?! —Ezequiel no quiso escuchar más y miró furioso a los demás a través de la pantalla.

Quienes sintieron el peso de su mirada, agacharon la cabeza llenos de culpa.

Capítulo 196 1

Capítulo 196 2

Capítulo 196 3

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