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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 221

—Tú...

—Señorita Alcira, ¿qué sucede? ¿Acaso algún miembro del personal le ha faltado al respeto?

De repente, un hombre de mediana edad, con el inconfundible porte de un mayordomo, se acercó a Alcira Maldonado tratándola con absoluta reverencia.

Alcira estaba a punto de perder los estribos, pero al ver al hombre, reprimió su furia al instante. Adoptando una postura de lo más delicada y educada, le respondió:

—Mayordomo Beltrán, llega en el momento perfecto. Esta persona me resulta sumamente sospechosa. No sé si es una ladrona que se coló en la fiesta, por favor, revísela de inmediato.

El mayordomo Beltrán era uno de los tres encargados principales de la mansión Sandoval, famoso por su aguda intuición para juzgar a las personas.

Aunque la muchacha que tenía enfrente era una desconocida, poseía unos rasgos exquisitos y una mirada tan limpia como el agua clara. Estaba de pie con una gracia natural que desmentía por completo las acusaciones de Alcira.

—Señorita Alcira, no me parece que esta joven sea de las que roban. ¿No habrá algún malentendido?

Alcira se indignó al ver que no le creía.

—Mayordomo Beltrán, ¿insinúa que estoy mintiendo?

¡Si no fuera por su posición en la familia Sandoval, ya lo habría puesto en su lugar!

Era evidente que Roxana Soler estaba vestida de forma humilde; a simple vista no encajaba con los invitados. Su mera presencia era motivo de sospecha. ¿Acaso el mayordomo estaba ciego para pensar que había un malentendido?

Como mayordomo principal, Beltrán supervisaba a cientos de sirvientes desde su llegada a la mansión. Llevaba años trabajando con una ética impecable, sin cometer un solo error.

Que una persona externa cuestionara su criterio y le exigiera explicaciones con ese tono arrogante no le hizo ninguna gracia.

Sin embargo, al ser Alcira una invitada especial de la Matriarca Beatriz, no quiso armar un escándalo y respondió con una sonrisa diplomática.

—Señorita Alcira, no dudo de su palabra. Simplemente digo que la seguridad en la mansión Sandoval es estricta y, hasta la fecha, jamás hemos tenido un incidente de robo. Como su acusación es ambigua, no puedo emitir un juicio precipitado.

Sus palabras, tan lógicas y fundamentadas, dejaron a Alcira con un nudo de frustración en la garganta.

Roxana había pensado que el mayordomo se dejaría llevar por las palabras de Alcira y la echaría a patadas, pero se sorprendió al ver su imparcialidad.

Definitivamente, la familia más poderosa de Puerto Esperanza tenía un nivel distinto. Tanto los dueños como los empleados estaban lejos de ser unos mediocres.

El mayordomo Beltrán notó el disgusto de Alcira, pero la ignoró sutilmente y se dirigió a Roxana:

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