Pero en su estrecha mentalidad, ni por un segundo se le cruzó por la cabeza que pudieran ser hermanos.
Soltando una risa nerviosa, intentó justificarse con Yara:
—Señorita Soler, le ruego que no se ofenda, pero todo lo que dijimos son hechos comprobados. Para estar seguro de adónde iría, mandé investigadores tres veces. Por eso conozco a la perfección el estado de miseria en el que viven sus verdaderos padres.
Darío vio a través de su patética fachada. Estuvo a punto de revelar la verdadera identidad de Roxana ahí mismo, pero al notar que a ella parecía no importarle mantener el secreto, se contuvo.
—Las investigaciones pueden fallar. Y además, si ustedes ya cortaron lazos con ella, deberían seguir cada quien por su lado. Lo lógico sería que, si se la cruzan, actúen como extraños, en lugar de andar persiguiéndola y llamándola "hija" a los cuatro vientos.
Eso era exactamente lo que Ricardo pensaba hacer en un principio. Pero ahora que sabía que Roxana tenía algún tipo de vínculo íntimo con un pez gordo de la familia Soler, ¡ni loco la iba a soltar!
—Joven Darío, entiendo su punto, pero vivimos bajo el mismo techo por más de diez años. Somos una familia de corazón. ¿Cómo podríamos darle la espalda y fingir que no nos importa? —replicó él, fingiendo devoción.
Elena y Alcira habían estado apoyándolo simplemente para presionar emocionalmente a Roxana.
Ninguna de las dos entendía por qué el inalcanzable Darío Soler se rebajaba a intervenir en un drama ajeno.
Y lo que era peor, parecía estar defendiéndola con demasiada pasión.
Así que Elena decidió lanzar un dardo envenenado para tantear el terreno:
—Joven Darío, con todo respeto, puede que ahora mi hija adoptiva trabaje como sirvienta en su mansión, pero al final del día, esto es un asunto familiar. Creo que ni siquiera usted debería entrometerse.
El fuego en los ojos de Darío estuvo a punto de volverse literal.
Pero Roxana dio un paso al frente, clavando su mirada gélida en el calculador matrimonio Maldonado.
—Cuando me fui de su casa, les dejé muy claro que no quería saber nada más de ustedes.
Hizo una pausa, asegurándose de que su voz resonara en toda la sala:
—La única razón por la que hoy vienen a buscarme es porque la empresa Maldonado está al borde de la quiebra. Como nadie les abre la puerta, de pronto recordaron que su "hija adoptiva" tiene contactos en la familia Soler, y vinieron a montar este circo para aprovecharse de mí.
Los invitados que escuchaban atentos comenzaron a murmurar entre ellos, dándose cuenta de que la versión de Ricardo estaba llena de huecos.


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