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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 275

Bastián, al escuchar la orden de Valeriano, se sorprendió bastante.

El Joven Valeriano nunca había sido alguien que se preocupara por proteger a una mujer. Era la primera vez que tomaba la iniciativa de enviar a alguien a rescatar a una chica.

«Aquí hay gato encerrado, definitivamente hay algo más», pensó Bastián.

Casi de un salto, corrió velozmente hacia donde estaba ella y notó de inmediato que estaba herida.

—¡Tu cuello está sangrando!

Roxana levantó la mano y se frotó la herida.

Al ver sus dedos manchados de rojo, su fría mirada se oscureció de inmediato.

Había anticipado el movimiento de Claudio y se había apartado, pero los fragmentos lograron alcanzarla de todos modos.

La última persona que la lastimó ya era solo polvo bajo la tierra.

Valeriano también notó el corte en su delicado cuello de porcelana. Su semblante, siempre sereno, cambió drásticamente mientras le gritaba:

—¡Roxana, ven aquí rápido!

—No —rechazó ella con voz gélida.

¡Ese tal Claudio tendría que pagar muy caro por atreverse a lastimarla!

Al escuchar su negativa, Bastián trató de persuadirla rápidamente.

Después de todo, con la situación tan crítica, no era momento de hacerse la valiente.

Sin embargo, en el siguiente segundo, la figura aparentemente frágil frente a él se lanzó hacia adelante a la velocidad de un relámpago.

Por donde pasaba, los hombres caían como moscas entre gritos de agonía.

—¡Maldita sea! ¿Qué demonios está pasando?

Leandro y su grupo también estaban atónitos.

Con las mandíbulas casi tocando el suelo, observaron cómo Roxana, sin empuñar arma alguna, abría un camino de sangre a golpes limpios a través de una densa multitud de enemigos.

¿Qué clase de fuerza monstruosa era esa?

—Joven Valeriano... e-e-esa señorita Roxana... —tartamudeó Leandro, dominado por la emoción.

Si la señorita lograba capturar a Claudio con vida, ¡sus posibilidades de ganar serían inmensas!

Valeriano observaba a esa figura implacable, y en sus ojos, usualmente indiferentes, asomó un destello de sorpresa.

Creía que el dominio de Roxana en la medicina era suficiente para dejar a cualquiera boquiabierto, pero nunca imaginó que sus habilidades de combate fueran igual de aterradoras.

Por primera vez en su vida, alguien le provocaba una sensación indescifrable.

Ella era un absoluto misterio.

—¡Viva la Jefa Roxana!

Julián, quien acababa de esquivar una bala por los pelos, aterrizó y vio cómo su jefa aplastaba a todos a su paso. No dudó en vitorearla a todo pulmón.

¡Ese animal de Claudio se había metido con la persona equivocada!

¡Bang!

¡La bala salió disparada como un meteoro, directa hacia Claudio!

—¡Hijo de perra, ¿cómo te atreves a dispararme?! —Al notar el peligro, Claudio bajó su arma de inmediato y agarró a uno de sus subordinados como escudo humano.

El pobre infeliz cayó muerto antes de que pudiera emitir sonido alguno.

Claudio sonrió con arrogancia hacia Valeriano.

—¿Tirador experto? Parece que tú eres el Soberano de la Alianza Ígnea. Lástima que tus piernas no sirvan, de lo contrario habría tenido que esforzarme un poco más para encontrarte.

Mientras hablaba, dio una palmada.

De pronto, más hombres armados aparecieron en el antes vacío segundo piso.

Tras rodear la planta baja, apuntaron al unísono hacia Roxana, Valeriano y los demás.

Hernán, quien finalmente había logrado salir del mar de gente, clavó su mirada venenosa en el hombre sentado en la silla de ruedas.

—Soberano Valeriano, ¿te acuerdas de mí? Durante este último año te he mantenido en mis pensamientos solo para poder asesinarte en el momento en que volviera a verte.

—¡Protejan al Joven Valeriano! —gritó Leandro.

Inmediatamente, todos los miembros de la Alianza Ígnea cambiaron de formación, creando un muro humano alrededor de su líder.

Hernán se burló:

—¡Ya es muy tarde para protegerlo! Desde que entraron, todos ustedes han inhalado el veneno esparcido en este lugar. Pronto perderán su voluntad y se convertirán en mis títeres. ¡Para entonces, tanto la Alianza Ígnea como el Gremio Lobo Sangriento tendrán que arrodillarse ante Don Claudio! ¡Toda la Región de los Tres Oros será nuestra!

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