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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 296

Aunque Cristián la trataba bien, ella sabía perfectamente que a él lo volvían loco las mujeres hermosas.

Si Roxana no hubiera sido tan sosa y no lo hubiera ignorado por completo, Alcira jamás habría logrado quitarle el puesto.

—Ella...

—¡Señorita Soler, hoy es el día de su competencia! ¿Cómo es que el señor Rafael y el joven Darío no vinieron con usted? —gritó un reportero, interrumpiendo sin querer la respuesta de Alcira.

Esas palabras fueron suficientes para que Cristián comprendiera de inmediato la identidad de la chica.

En Puerto Esperanza no había magnates con el apellido Soler, pero en Veridia sí.

Al ver lo desesperados que estaban los periodistas por ganarse su favor, supo que esa belleza deslumbrante tenía que ser la heredera de la familia Soler.

Alcira, al ver cómo Cristián no le quitaba los ojos de encima a Yara, sintió que el pánico se apoderaba de ella y lo urgió.

—Cristián, el sol está muy fuerte. ¿Y si mejor entramos ya?

Cristián tardó varios segundos en reaccionar y asentir.

Ricardo también reconoció a Yara, y de inmediato su mirada empezó a buscar a alguien más. Pero no vio a Roxana por ningún lado.

¿No se suponía que ella era la sirvienta de la señorita Soler y que también había entrado a estudiar en la Universidad del Sur?

¿Dónde estaba?

Elena, al notar que su esposo parecía estar buscando a alguien, le dio un toque.

—Mi amor, Alcira y Cristián ya entraron. No nos quedemos aquí afuera parados.

Para Yara, que últimamente había estado sufriendo bajo la sombra de Roxana en la universidad, la devoción de los periodistas fue un alivio inmenso. Al fin encontraba una salida a toda su frustración acumulada.

El acceso al recinto del Concurso de Música Dorada era exclusivo para los participantes y sus familiares.

Ella se había asegurado de invitar únicamente a Darío, dejando a Roxana completamente al margen.

¡De esa forma, podría brillar con todo su esplendor y coronarse campeona sin que Roxana se entrometiera!

Y, con suerte, incluso el Maestro Ezequiel la aceptaría como su aprendiz, convirtiéndose así en el centro de la envidia de todos.

Mientras tanto, Roxana acababa de despertar. Aún medio adormilada, sintió que su teléfono no dejaba de vibrar.

Gruñó molesta.

¿Por qué era tan difícil dormir hasta tarde un fin de semana?

Se frotó los ojos y revisó el celular. Eran notas de voz del Maestro Ezequiel.

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