Roxana llegó al salón principal, donde varios doctores y especialistas vestidos con batas blancas ya la estaban esperando.
—¡Jefa, al fin llegó! Llevamos casi tres meses sin tener noticias suyas, estábamos que nos moríamos de angustia.
—Así es. Todos los cultivos que hicimos de las Hojas Dicromáticas se secaron por completo. Solo nos queda una planta viva.
—Si este último intento falla, me temo que tendremos que suspender el proyecto del nuevo antibiótico por lo que resta del año.
Este era uno de los proyectos prioritarios para Roxana este año. Si lograban sintetizar el antibiótico, no solo consolidaría su leyenda en el ámbito médico, sino que catapultaría la fama del Centro de Desarrollo Phoenix a nivel mundial.
Con esos resultados, los fondos de investigación del año siguiente estarían más que asegurados.
—Iré a echarle un vistazo —dijo Roxana.
Tras cambiarse y ponerse una bata, entró con el equipo al Laboratorio 8.
Frente a ellos descansaba una planta exótica de dos tonos: blanco y negro. Sin embargo, debido a algún error en el entorno de cultivo, la mitad blanca ya estaba tomando un preocupante tono amarillento.
Esa era la materia prima fundamental de su nuevo antibiótico: las Hojas Dicromáticas.
—Estos son los registros de los últimos tres meses de investigación. Pero cada vez que llegamos a la mitad del proceso de extracción, todo fracasa.
Roxana tomó el expediente y comenzó a hojearlo mientras contrastaba la información con el estado de la planta viva.
Poco después, ya tenía una teoría clara en mente.
—Voy a intentarlo.
Al ver que ella misma iba a realizar el procedimiento, los expertos se amontonaron a su alrededor. Uno de los doctores incluso se quitó los lentes, los limpió meticulosamente y se los volvió a poner para no perderse ni un solo detalle.
El trabajo se extendió durante toda la noche.
Como el material biológico era limitadísimo, Roxana ejecutó cada paso con una precisión quirúrgica.
Fue calculando y ajustando variables, y no fue hasta el quinto intento que logró extraer y estabilizar el compuesto que tanto necesitaban.
El laboratorio entero estalló en vítores.
—¡Nuestra Jefa siempre será la Jefa!
—Jefa, ella es Dulce, la nueva integrante que ingresó al equipo este mes. También es mi compañera de la universidad. Entró al Centro Phoenix por puro mérito, pero cuando se enteró de que nuestra jefa era usted, ha estado esperando el día para conocerla en persona.
Ante el público y el mundo exterior, Adrián siempre había sido la cara del Centro de Desarrollo Phoenix. Solo el núcleo más íntimo sabía que la gran mente detrás de todo era la «Doctora Serena». Además, todos los miembros firmaban acuerdos de estricta confidencialidad, por lo que su identidad seguía siendo un absoluto misterio en el gremio médico.
Dulce abrazó el cuaderno autografiado contra su pecho como si fuera un tesoro invaluable y le hizo una profunda reverencia.
—Doctora, mi madre estuvo al borde de la muerte. Muchos de los tratamientos tradicionales ya no le hacían efecto, y fue el medicamento experimental que usted patentó lo que le salvó la vida. Siempre quise darle las gracias en persona.
Roxana la ayudó a enderezarse de inmediato.
—No es necesario que hagas reverencias. Si realmente quieres agradecérmelo, trabaja duro y ayudemos a que más personas encuentren una cura.
Con los ojos llorosos, Dulce le regaló una sonrisa resplandeciente, mostrando los pequeños hoyuelos en sus mejillas.
—¡Sí! Trabajaré con todas mis fuerzas para que nunca se decepcione de mí.
Antes de irse, Roxana le advirtió a Adrián que ajustara todos los protocolos de seguridad para la subasta de esa noche. No querían que nadie que estuviera codiciando el Hongo de Vida Eterna intentara arruinar el evento.

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