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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 428

—¿He oído que te llamas Roxana Soler?

Roxana mantenía la vista fija en los puntos de donde provenía el reflejo de luz blanca. Aunque eso impedía que el francotirador pudiera apuntarle, también le dificultaba a ella anticipar sus movimientos.

Temía que el enemigo la atacara de forma imprevista, por lo que no se atrevía a bajar la guardia. Mantenía cada músculo del cuerpo en tensión.

—¿Qué pasa? ¿Acaso me conoces?

Ese tono provocativo hizo que Siete se quedara paralizada por una fracción de segundo.

Se parecía tanto a Aura.

Pero sabía que era imposible que fuera ella.

—No, no te conozco. De hecho, te detesto. Te odio tanto que me encantaría matarte ahora mismo.

Tan pronto como terminó la frase, giró su cuerpo bruscamente, sin importarle que el cañón del arma le rasgara la piel del cuello, todo con tal de escapar del agarre de Roxana.

Roxana sintió que el objetivo se le escurría entre los dedos. Con la mirada aún más gélida, volvió a abalanzarse sobre ella.

Cada golpe, cada movimiento, eran tácticas diseñadas para matar.

La mujer pelirroja ya tenía dos cortes sangrantes en el cuello, pero los ignoró por completo. Al ver que Roxana la atacaba de nuevo, se enfrascó en un feroz combate cuerpo a cuerpo, demostrando que no le temía en absoluto a la muerte.

Las siluetas de ambas se cruzaban y entrelazaban frenéticamente entre los árboles...

—Joven Valeriano, me parece escuchar algo —susurró Leandro, conteniendo la respiración mientras percibía un ligero crujido entre las hojas.

La mirada de Valeriano se volvió helada; ese sonido le resultaba demasiado inquietante.

De repente, dirigió su vista hacia la posición del francotirador cegado por la luz. Ya llevaba un buen rato sin escuchar ningún ruido proveniente de allí.

Al principio, pensó que el tirador no se movía por miedo a quedar expuesto.

Pero ahora dudaba que esa fuera la razón.

El crujido se hizo más fuerte, como si una ráfaga de viento estuviera agitando las ramas a propósito.

Roxana, que seguía intercambiando golpes con la pelirroja, también notó que algo andaba mal.

Pero no lograba identificar de qué se trataba.

Hasta que vio cómo Siete se cubría los oídos y, aprovechando el impulso de una patada que Roxana le acababa de dar, corrió hacia la dirección donde soplaba el viento.

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