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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 429

Pronto, una sombra oscura cruzó rápidamente el bosque desde las alturas y descendió en dirección al viento, justo hacia donde se encontraba la mujer pelirroja.

Roxana logró distinguir que se trataba del compañero de Siete.

El mismo hombre al que le había destrozado el hombro la última vez.

El individuo aprovechó la corriente de aire, usando un vuelo con traje de alas.

En pleno vuelo a favor del viento, atrapó a la mujer pelirroja.

Ambos escaparon volando a través de la enorme grieta del cañón.

En cuanto se alejaron, aquel doloroso zumbido que desgarraba los tímpanos comenzó a perder fuerza.

—¡No podemos dejarlos escapar! —Gritó uno de los sombras al verlos planear hacia la otra montaña. Sacó su radio comunicador de inmediato, dispuesto a ordenar que los interceptaran.

—Esperen —lo interrumpió Roxana—. Ya le pegué un micro-rastreador a esa mujer pelirroja. Por ahora déjenlos ir, encontraré la forma de descubrir su identidad y su ubicación.

Mientras hablaba, se puso de pie e intentó ayudar a Valeriano a levantarse.

El sombra levantó la vista, sorprendido. Los rastreadores satelitales en miniatura no eran algo que la gente común pudiera tener en los bolsillos; ¿de dónde lo había sacado ella?

Por esa razón, no obedeció de inmediato y dirigió la mirada hacia Valeriano.

Valeriano, aunque todavía muy pálido, tenía la mirada fija en la dirección por donde habían escapado. Sus ojos conservaban aquella intensidad imponente.

—Sombra Tres, haz lo que ella dice.

Roxana lo miró con cierta confusión. Si hasta su subordinado se había sorprendido de que sacara un rastreador satelital, ¿por qué a él no le parecía extraño en lo absoluto?

¿Acaso se le había escapado otra parte de su verdadera identidad sin darse cuenta?

—Entendido —respondió Sombra Tres, quien al ver a Leandro inconsciente en el suelo, lo levantó rápidamente y se lo echó al hombro—. Jefe, tenemos que salir de aquí cuanto antes.

Aunque el ataque sónico había disminuido, todos presentaban estragos de diversa consideración.

Roxana intentó sostener a Valeriano, pero las piernas de él aún no tenían fuerza. Temiendo lastimarla, le dijo con voz suave:

—Deja que ellos me ayuden.

Roxana iba a decirle que podía sola, pero tras pensarlo un segundo, lo soltó.

Luego, sacó su celular y le envió el código del rastreador a Julián, escribiéndole:

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