A la mañana siguiente.
Al amanecer, todos los escándalos de la familia Maldonado inundaban las redes sociales.
Desplazaron a cualquier celebridad y ocuparon los diez primeros lugares en las tendencias.
[¡Impactante! ¡M&R Global anuncia públicamente la cancelación de todos sus contratos con el Consorcio Maldonado!]
[¿Informes financieros alterados? ¡El Grupo Maldonado al borde de la quiebra!]
[¡La esposa del presidente del Grupo Maldonado lleva una semana en prisión!]
[¡La heredera de los Maldonado fue abofeteada anoche y podría quedar desfigurada!]
[¿Se cancela el compromiso matrimonial entre las familias Mota y Maldonado?]
[¡El Grupo Maldonado aún le debe 80 millones de pesos a la genio musical Roxana!]
[¡Distribuidores cancelan pedidos! ¡El Grupo Maldonado enfrenta demandas millonarias!]
[¡Al borde de la quiebra! ¡Cientos de empleados exigen sus salarios atrasados!]
En cuestión de horas, todas las empresas afiliadas comenzaron a desvincularse del Grupo Maldonado, emitiendo comunicados de prensa negando cualquier relación con ellos.
A tan solo ocho horas del anuncio de M&R Global, el imperio de los Maldonado estaba a punto de desaparecer, abandonado por todos.
¡Ricardo Maldonado estaba al borde de la locura!
Y, para empeorar las cosas, Alcira estaba histérica en el hospital porque su rostro corría el riesgo de quedar con cicatrices.
Después de destrozar todo a su alcance en la habitación, empujó con violencia al doctor que intentaba curarla.
—¡Largo de aquí! ¡Son una bola de inútiles! ¡Ni siquiera pueden curar un par de rasguños! ¡Y dicen ser el mejor hospital de Puerto Esperanza!
—Señorita, por favor, cálmese. Si sigue haciendo movimientos tan bruscos, las heridas de su rostro podrían volver a abrirse y las cicatrices serán permanentes —advirtió el doctor, tratando de mantener la ética profesional a pesar del maltrato.
—¡Lárgate! —gritó ella, agarrando una silla dispuesta a lanzársela.


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