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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 524

Era la primera vez que Roxana se preocupaba por él sin utilizar ese tono clínico de doctora.

Valeriano disfrutó inmensamente de su preocupación y respondió:

—No te preocupes, no logrará escapar de mis garras.

Al ver la confianza en sus palabras, Roxana no volvió a mencionar a la familia Sarmiento.

—¿Vas a venir conmigo a verlo?

Roxana se negó.

—Todavía no podemos dejar que Sergio Sarmiento sepa que nos hemos aliado. De lo contrario, como perro arrinconado, podría hacer una locura.

Aunque algo decepcionado, Valeriano respetó su decisión.

—De acuerdo.

—¿Tienes planes para esta noche? —preguntó Roxana, recordando la petición de su mentora.

—Por supuesto que no. Tratándose de ti, siempre tengo tiempo libre.

Las palabras de Valeriano le provocaron una leve sonrisa. Roxana fue directa al grano:

—Mi maestra quiere conocerte. ¿Estás dispuesto a ir?

Los ojos oscuros de Valeriano brillaron con la profundidad del cielo nocturno.

—Sí. Rendir mis respetos a nuestros mayores es una obligación que debo cumplir.

—Perfecto. Primero iré a reunirme con ella, luego te enviaré la hora y el lugar.

Roxana seguía intranquila porque la Maestra Vera iría a ver a Luisa, por lo que sintió la necesidad de darse una vuelta por el hospital.

Sin embargo, antes de irse, Valeriano volvió a estrecharla entre sus brazos y exhaló un suave suspiro.

—Ojalá pudiera estar a tu lado todo el tiempo.

Este contacto era mucho más íntimo que simplemente tomarse de la mano. Aunque aún no se acostumbraba, Roxana no lo apartó.

A través de las palabras y acciones de aquel hombre, podía percibir lo importante que era para él, cuánto la quería.

Y eso, para ella, era un tesoro invaluable.

Después de un momento, ella habló con suavidad:

—Creo que ya es hora de que me vaya.

Sergio Sarmiento tuvo que esperar dos largas horas hasta que Leandro finalmente le anunció que Valeriano estaba dispuesto a recibirlo.

El corazón de Sergio saltó de alegría y, adoptando una actitud sumisa, respondió:

—Se lo agradezco infinitamente, asistente Leandro. Le rogaría que me mostrara el camino.

Al entrar a la oficina de Valeriano, omitió las formalidades y fue directo al asunto.

—Señor Sandoval, sé perfectamente el inmenso poder e influencia que posee en Puerto Esperanza. Seguro ya está al tanto de la suspensión de operaciones en las fábricas de la familia Sarmiento. ¿Le rogaría que tenga piedad y le perdone la vida a nuestra familia? ¡Le juro que en el futuro la familia Sarmiento le pagará este favor con creces!

Tanto su tono como su expresión rebosaban una honestidad aplastante. Cualquiera creería ciegamente en sus palabras.

Pero Valeriano no era de los que se dejan engañar con facilidad. En cuanto Sergio terminó su discurso, le lanzó una pregunta en tono indiferente:

—Entonces, primero contéstame esto: ¿tú ordenaste el ataque contra Roxana Soler aquel día?

El rostro de Sergio palideció al instante e intentó negarlo.

Pero Valeriano no se lo permitió.

—Sergio, el simple hecho de que yo te haga esta pregunta debería indicarte que ya tengo muchas pruebas en mi poder. Si quieres que te ayude a salir de esta crisis, más te vale mostrar algo de sinceridad, o de lo contrario, nuestra conversación termina aquí.

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