—¿Llevas mucho tiempo esperando?
Al notar la mirada increíblemente tierna de Valeriano, Roxana negó suavemente con la cabeza.
—No, apenas acabo de llegar.
Valeriano se acercó a ella, tomó su mano con naturalidad y observó su semblante sereno antes de soltar una risita.
—¿Qué voy a hacer? Apenas nos vimos ayer, pero siento que ha pasado una eternidad.
Una repentina y desconocida tensión invadió a Roxana. Al sentir que el aroma de aquel hombre estaba a punto de devorarla por completo, cambió de tema rápidamente.
—¿Tienes sed? ¿Te ofrezco algo de tomar?
Viendo su intención de levantarse para servirle agua, Valeriano se negó a soltarle la mano.
—No tengo sed. He estado en reuniones todo el día, ya vi suficiente a todas esas personas, ahora solo quiero verte a ti.
«Qué hermosa es mi pequeña», pensó.
Su piel era suave y radiante, y sus rasgos exquisitos y perfectos.
Mientras más la observaba, más le gustaba.
Incapaz de soportar su intensa mirada, Roxana propuso:
—Déjame hacerte una sesión de terapia. Ayudará a tratar tus piernas y también te relajará.
Sin más, comenzó a preparar sus instrumentos médicos.
Valeriano suspiró disimuladamente, pero terminó aceptando.
Durante esta sesión, Roxana sintió claramente que los músculos de sus piernas estaban más fuertes que antes. Sus ojos se iluminaron de emoción.
—A ver, intenta levantar la pierna.
Valeriano estaba algo confundido. Sus piernas habían recuperado la sensibilidad, pero aún no creía poder moverlas a voluntad.
Aun así, siguió la instrucción.
Esperaba que su pierna permaneciera inerte como siempre, pero para su sorpresa, esta vez se elevó levemente.
Enderezó su espalda de golpe, mirándola con una alegría incontenible.
—¡Roxana, mis piernas se movieron!
Ella esbozó una dulce sonrisa.
—Eso no es todo. Ven, dame tu mano.
Entendiendo su intención, Valeriano le extendió la mano. Roxana tiró de él suavemente y, de repente, Valeriano logró ponerse de pie por completo.
Ella no solo le devolvió la esperanza, sino que encendió en él un profundo deseo de vivir y disfrutar su vida.
Se alegraba infinitamente de no haberse rendido.
Y daba gracias de que Roxana no lo hubiera rechazado.
¡De lo contrario, jamás habría presenciado un día como este!
Apenas terminaron el tratamiento, Leandro llamó a la puerta.
Valeriano volvió a acomodarse en su silla de ruedas antes de permitir la entrada.
—Presidente Sandoval, la familia Sarmiento está aquí. Sergio Sarmiento insiste en verlo.
La dulzura que hasta hace un segundo iluminaba los ojos de Valeriano se transformó en una sombra lúgubre y amenazante.
—Vaya, qué rápido. Que espere.
Sabiendo que, con la presencia de la joven en la oficina, Valeriano no tendría ninguna prisa en salir, Leandro asintió y se retiró de inmediato.
Recordando la información que había conseguido antes, Roxana temió que la familia Sarmiento contara con el respaldo de alguna organización oculta y le advirtió:
—Aunque nunca he tratado con Sergio Sarmiento, es muy probable que haya alguien más moviendo los hilos detrás de él. Ten cuidado, no dejes que te tome por sorpresa.

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