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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 527

Al escuchar la voz de Roxana, Luisa y Elba sintieron un escalofrío recorrerles la espalda.

Fue como si el agudo dolor estomacal, que ya había desaparecido, volviera a atacarlas.

Se atrevían a faltarles al respeto a Rafael y a Marina porque sabían que, en el fondo, ambos tenían buen corazón y no se vengarían.

Pero Roxana era como un lobo rabioso.

La última vez que las envenenó y luego las golpeó brutalmente, dejó al descubierto su lado más cruel y despiadado, así que no se atrevían a comportarse de forma tan insolente en su presencia.

—¿C... Cuándo llegaste? —balbuceó Luisa, encogiéndose en la cama por puro instinto.

Elba, sin atreverse siquiera a emitir un sonido, se escondió detrás de su madre.

Ambas parecían ratas escondiéndose en la oscuridad.

Roxana las miró con desdén y comentó en tono burlón:

—Llegué justo cuando empezaste a insultar a mi maestra, así que escuché la historia completa.

—Yo... —Luisa apenas se atrevía a mirarla. Tras tragar saliva y vacilar un momento, intentó excusarse con voz débil—: Estaba desesperada por el enojo... por eso hablé de más... sin pensar.

Rafael y Marina observaban la escena atónitos. Era increíble ver a Luisa y Elba, siempre tan revoltosas y agresivas, reducidas a ese estado de sumisión y miedo frente a su pequeña hija.

—Mi niña, ¿qué haces aquí? ¿No habíamos acordado vernos esta noche? —Al ver a su discípula más brillante, la Maestra Vera perdió toda su imponente autoridad y su rostro se iluminó con una sonrisa rebosante de cariño.

Al mirarla, los ojos de Roxana se suavizaron.

—Tenía miedo de que le estuvieran dando problemas a la maestra, así que vine a revisar.

La culpa carcomió aún más a Luisa y a Elba.

Al mencionarlas, la Maestra Vera enarcó una ceja.

—A mí no me dan problemas.

Su comentario sugería que a quienes sí molestaban eran a los señores Soler.

Como no tenía un solo peso, ni siquiera podía comprarse un simple vestido y se veía obligada a usar esa bata de hospital sin gracia alguna.

Si Roxana de verdad lograba curar a su madre, ella tendría las fuerzas suficientes para rescatar a su padre de la cárcel. De ese modo, no solo tendrían un reencuentro familiar, sino que podrían regresar a casa felices.

Por eso, madre e hija miraron expectantes a Rafael y a Marina.

Como Marina nunca apartaba su atención del estado de ánimo de su hija, comprendió de inmediato lo que se escondía detrás de aquella pregunta.

Así que le dio un ligero codazo a Rafael, indicándole que respondiera.

Aunque Rafael solía tener un carácter pacífico, no era de voluntad débil. Descifró la mirada de su hija sin dudarlo y expresó su postura.

—Roxana, cuando papá te pidió que regresaras a casa, fue para que pudieras vivir como la princesa consentida de los Soler, no para que fueras el blanco de los problemas. Tu madre y yo hemos hecho todo lo que estaba en nuestras manos por la enfermedad de tu tía. Pero si ella misma no sabe valorar las oportunidades, entonces no se puede culpar a nadie.

—¡Rafael, ¿me estás diciendo que me abandonarás?!

Luisa estaba convencida de que su compasivo hermano rogaría por ella para que Roxana la salvara, jamás se imaginó que diría palabras tan crueles y decepcionantes.

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