¡¿A qué se refería con que no sabía valorar las oportunidades?!
¡Estaba claro que Marcelo no tenía la capacidad médica para curarla, y esa tal Vera ni siquiera le prestó atención ni le dio tratamiento! Entonces, ¡¿cómo podían decir que ella no valoraba la oportunidad?!
¡Solo tenía una vida! ¡¿Cómo no iba a valorarla?!
La serenidad habitual en el rostro de Rafael se desvaneció, siendo reemplazada por una profunda y amarga decepción.
—Si así quieres verlo, adelante.
Luisa jamás pensó que llegaría el día en que su hermano mayor la desconociera. Olvidando todo su temor, se incorporó de golpe en la cama y apuntó con el dedo, furiosa, hacia Roxana.
—¡¿Vas a abandonar a tu única hermana por culpa de esta malagradecida?!
»¡Rafael, ¿acaso no tienes corazón?!
»¿Ya olvidaste lo que nuestros padres te suplicaron antes de morir?
»¡Te pidieron que cuidaras de mí y que no dejaras que nadie me hiciera sufrir! Tal vez lo que hice en el pasado estuvo mal, pero ahora me estoy muriendo, ¡¿hay algo más importante que mi vida en este momento?!
»¡Solo te estoy pidiendo que la obligues a curarme! ¡¿Acaso es tan difícil?!
»¿O es que, por haberme unido a otra familia, ya no soy parte de los Soler y no soy digna de que esta gran señorita me dé atención médica?
¡Plaf!
El sonido de la bofetada fue atronador y resonó en el profundo silencio de la habitación.
—¡Tío Rafael! ¡¿Cómo te atreves a golpear a mi madre?! —gritó Elba, aterrada.
Luisa, cubriéndose la mejilla, se quedó completamente paralizada.

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