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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 53

Veridia, mansión de la familia Soler.

Apenas llegaron, Marina y Luisa, que las esperaban ansiosas en la puerta, se apresuraron a recibirlas.

Yara vio que Marina la esperaba en la entrada como solía hacerlo siempre, y estuvo a punto de acercarse con una sonrisa.

Sin embargo, la mirada de Marina se dirigió de inmediato hacia Roxana.

—Roxana, mi niña, por fin llegaste. Déjame verte bien. ¿Estás más delgada?

La sonrisa en el rostro de Yara se congeló lentamente. Antes, su madre siempre era la primera en saludarla a ella.

En el pasado, Roxana también había pasado días lejos de casa, pero sus padres adoptivos nunca se habían preocupado así por ella. Al escuchar las cálidas palabras de Marina, sintió un calor reconfortante en el pecho, y su fría mirada se suavizó.

—No estoy más delgada. Pude descansar bien.

Marina la examinó detenidamente y comprobó que, en efecto, su hija no había cambiado desde que se fue. Solo entonces suspiró aliviada y se volvió hacia Yara con una mirada tierna.

—Yara, el viaje debe haber sido agotador para ti también. Entra a descansar.

—Sí —respondió Yara con una sonrisa dulce, acompañando a las dos mujeres hacia el interior.

Luisa y su hija Elba las siguieron de cerca.

Elba seguía furiosa por no haber conseguido el Elíxir de Renovación y, apenas cruzó la puerta, empezó a quejarse.

—Mamá, estábamos a punto de conseguirlo, pero no sé quién fue el desgraciado que subió el precio del «Elíxir de Renovación» de quince a veinte millones de pesos. ¡Ni siquiera el señor Sandoval pudo averiguar la identidad de esa persona! ¡Me muero del coraje! Si llego a saber quién se atrevió a robarme la medicina que iba a salvarte la vida, ¡te juro que lo destruiré!

—¡Con el escándalo que armaron, me pregunto a quién pretendes destruir tú!

Una voz severa y autoritaria resonó de pronto en la sala.

Todas dieron un salto del susto, y Elba se escondió rápidamente detrás de su madre.

Rafael Soler las miraba con una expresión sombría y un aura tan imponente que cortaba la respiración.

—¡Si no fuera por la intervención de la familia Sandoval, el circo que armaron en Puerto Esperanza ya estaría en boca de todos!

»¡Pase que no consiguieran el elíxir! ¡Pero atreverse a usar nuestras conexiones familiares para presionar a los Sandoval a romper las reglas del mercado! ¡E incluso ofrecer dinero para sobornar a la madre adoptiva de Roxana! ¿Acaso esos son los valores que les hemos enseñado en la familia Soler?

»¿Tienen idea de la gravedad de lo que hicieron? Si esto sale a la luz, dirán que la familia Soler no tiene escrúpulos para conseguir lo que quiere. ¡¿Cómo esperan que alguien nos respete después de algo así?!

Sabía que era imposible razonar con esa hermana suya, a quien habían malcriado desde niña.

Sin importar lo que pasara, siempre encontraba la forma de echarle la culpa a los demás.

Sin embargo, esta vez Yara tampoco estaba libre de culpa.

Se volvió hacia ella y le reclamó:

—Yara, tu tía tiene razón en una cosa: Elba es inmadura y no sabe cómo comportarse. ¿Pero tú tampoco? ¿Por qué le seguiste la corriente en esta locura? ¿Acaso ya olvidaste todo lo que tu madre y yo te hemos enseñado estos años?

Era la primera vez que Rafael le hablaba con tanta dureza. El rostro de Yara palideció y se apresuró a explicarse en voz baja:

—Papá, sé que cometí un error. No debí darle ideas equivocadas a Elba. Pero en ese momento estábamos desesperadas. Estábamos muy preocupadas por la salud de mi tía y pensamos que debíamos aprovechar cualquier oportunidad. Nunca imaginé que las cosas se saldrían de control...

—¡Por supuesto que no lo imaginaste! Si tan solo me hubieras llamado a mí o a tu madre para consultarnos antes de tomar una decisión así, nada de esto habría pasado.

Rafael la miró con profunda decepción. Luego, su mirada se dirigió a Roxana y su tono se suavizó.

—Por suerte, el señor Sandoval logró contener la noticia y Roxana recuperó el cheque. De lo contrario, ¡las habría castigado encerrándolas en sus habitaciones por un mes entero!

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