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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 780

Al verse desenmascarada, la chica de pelo corto no mostró el menor signo de pánico. Por el contrario, esbozó una sonrisa cargada de arrogancia y burla.

—Nadie me envió, jefa. Solo escuché rumores de que tenías familiares metidos en este hospital, así que vine a dar una vuelta para probar mi suerte. Quería ver si el destino nos juntaba de nuevo.

Mateo, dotado de una memoria fotográfica excepcional, la reconoció de inmediato del incidente en la competencia médica universitaria. Su expresión se endureció.

—¡Tú eres la bastarda que envenenó a la señorita Rivera para sabotear el torneo!

Siete giró el rostro hacia él. Al ver a un hombre joven y elegante irradiando instinto asesino, su sonrisa se ensanchó aún más.

—Uy, tranquilo, galán. Estás muy guapo para andar diciendo calumnias. Yo no he envenenado a nadie. Y no tengo idea de quién es esa tal Rivera. ¡Yo vine exclusivamente a buscar a mi querida Roxana!

—¡Mentirosa! —bramó Darío, quien acababa de asomarse a la habitación de Dulce. Aunque vio que la joven seguía en la cama, no había rastro de los guardaespaldas que él había contratado. Un escalofrío de terror le recorrió la espina dorsal. Si Roxana no hubiera enviado a sus propios operativos a vigilar la zona, Dulce probablemente ya estaría muerta—. ¡Viniste a asesinar a Dulce! Por eso te agarraste a golpes con los escoltas.

—Oye, no me eches culpas que no son mías —se defendió Siete con soltura—. Apenas puse un pie en el pasillo, esos dos matones de negro se me tiraron encima. Ni siquiera tuve tiempo de ver a nadie más.

Roxana, por supuesto, no le creyó una sola palabra. Apretó su agarre sobre el hombro de la chica, hundiendo los dedos en un punto de presión.

El cuerpo de Siete reaccionó con un espasmo defensivo violento.

—¡Suéltame!

Roxana frunció el ceño. La reacción física de la chica fue extraña. Los músculos y tendones se sintieron diferentes bajo su tacto... como si hubieran sido dislocados y reacomodados recientemente.

—¡Roxana, cuidado!

Valeriano, a pesar del adormecimiento que aún sentía en los brazos tras la pelea, captó de reojo una sombra que se movía a una velocidad aterradora desde el otro extremo del pasillo. Sin pensarlo, se abalanzó sobre Roxana y la apartó del lugar con todas sus fuerzas.

¡Zas!

Una fracción de segundo después, el pedazo de muro de concreto donde Roxana había estado apoyada estalló en pedazos, dejando un agujero humeante.

Siete, al recuperar su libertad, le dirigió una última mirada desafiante a Roxana. Su sonrisa se volvió siniestra.

—Nos volveremos a ver, Roxana. Tenlo por seguro.

El tono de su voz... había algo profundamente inquietante en esa promesa.

Roxana apretó los labios.

Acto seguido, el atacante vestido de negro que había disparado desde las sombras tomó a Siete por la cintura y, utilizando la distracción del disparo, ambos desaparecieron por la ruta de evacuación del hospital.

—Darío, antes de que te fueras, ¿vinieron a hacerle análisis de sangre a Dulce?

—No, en absoluto. ¿Por qué lo preguntas? —Darío estaba al borde del pánico. Al seguir la mirada de su hermana hacia la pequeña marca en el brazo de Dulce, su rostro se descompuso—. ¿Qué es eso? ¡Cuando me fui, no había entrado ni un solo doctor a esta habitación! ¡Te lo juro! ¿Qué le hicieron?

Al ver que su hermano estaba a punto de sufrir una crisis nerviosa, Roxana se apresuró a calmarlo.

—Cálmate, Darío. La sustancia que le inyectaron no es un veneno. De hecho, si no le hubieran aplicado este sedante de emergencia, Dulce no estaría durmiendo en paz en este momento. Estaría sufriendo convulsiones.

—¿Durmiendo? —Darío abrió los ojos, estupefacto—. ¿No está en coma por la droga?

—No, está en un sueño inducido. La neurotoxina iba a activarse antes de tiempo y alguien le inyectó un estabilizador para neutralizar el dolor y permitirle descansar.

—Pero... ¿quién haría algo así? —Darío estaba completamente perdido.

La mirada de Roxana se ensombreció.

La única persona con la oportunidad y las habilidades médicas para hacerlo en ese momento era Siete.

Pero, conociendo su historial y el resentimiento que albergaba, ¿por qué motivo alguien tan despiadado tendría un repentino ataque de bondad para salvarle la vida a Dulce?

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